Maldito omega.
¿Le agradó que le pateara el culo a ese tipo en el pasillo? Demonios, claro que sí, nunca había visto nada tan estupendo. Pero que lo pateara a él por debajo de la mesa no iba a dejarlo pasar.
Bien, tal vez sí pudo dejarlo pasar cuando se las cobró literalmente al segundo siguiente, pero en verdad no iba a dejar pasar que casi le aplastara el pie al otro día.
Sólo había ido a buscar un libro a la biblioteca para relajarse un momento luego de terminar el extenuante papeleo, encontrando al pequeño muchacho escondido en un rincón de la espaciosa habitación, "como una rata", pensó. Se acercó con cuidado fingiendo desinterés, deslizando sus largos dedos con suavidad por cada tomo próximo a él en la estantería, escaneando de reojo al precavido joven.
Río se acercó un paso a la vez, con mucha lentitud, en lo que él encontraba un libro que había llamado su interés, "Lenguaje para idiotas", ¿cómo había terminado algo así en su biblioteca? No tenía idea, pero podía servirle.
Tomó el libro y lo tendió frente al muchacho, quien miró hacia arriba desde su diminuta altura, primero agradecido, y luego, cuando leyó el título, su rostro perdió la poca emoción que había percibido para plasmar una sonrisa falsa, y de improviso tratar de reventarle un par de dedos del pie para luego salir hecho una furia, con el libro en la mano.
¿Cuál fue el problema? ¿Qué culpa tenía su pie? Demonios, en verdad no se la dejaría pasar.
¿A quién quiere engañar? Es un desastre. ¿Por qué diablos le tiene tanta paciencia a ese niño? No va a negar que es encantadora la forma en que intenta llevarle la contraria a todo lo que dice cuando ofrecen distintos puntos de vista en el comedor, o que su olor le encanta cada vez que pasa junto a él. Pero en definitiva no hay nada más en él. Y se recalca en su mente el "no" con todas sus fuerzas.
— ¿Te quedarás ahí como idiota?
Leon levantó la vista del piso y enarcó una ceja. El joven frente a él tenía una mirada extraña, no podía definir si era de burla o extrañeza real, pero no iba a dejar que un omega le hablara de esa forma, no otra vez, la décima fue la vencida.
Lo primero que hizo por supuesto, fue burlarse de él.
— Tu habla mejoró en poco tiempo, ¿Te leíste el libro, eh?
Sus brazos estaban cruzados en una postura imponente. Sus músculos se veían duros y grandes, como una roca, una roca que consiguió todo lo contrario a lo que quería. Su intención era intimidar al muchacho y reírse un poco de él, entonces, ¿Por qué pareciera que el omega frente a él se veía un poco...emocionado?
No importa.
Lo primero que hizo fue detener la poca emisión de feromonas que había liberado de manera inconsciente, logrando al momento que el otro soltara el aire retenido en sus pulmones y pestañeara de forma reiterada con un rostro estupefacto.
— Ah...yo...maldición.
Leon soltó una sonrisa socarrona al ver a Río darse la vuelta y marcharse con las orejas rojas casi corriendo.
Emprendió el camino por los pasillos hacia su oficina mientras sus dedos tamborileaban en el vidrio de las ventanas. Su rostro relajado y la diminuta sonrisa en sus labios asustaron a uno que otro sirviente en su mansión, pero eso no podría importarle menos.
***
— Qué terrorífico.
— ¿Qué haces aquí, Thalía?
Las gruesas cejas se fruncieron al momento de ver a su hermana ahí, sentada sobre su escritorio mientras jugaba con algunos papeles importantes ubicados en la mesa. El rostro de la muchacha no mostró mucha diferencia al escuchar al mayor, solo en esos momentos el mundo podía ver la similitud entre aquellos Nova.
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DRAGONES (Borrador)
FantasyRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
