Días pacíficos se hicieron presentes desde entonces.
Las cosas avanzaban a un ritmo tranquilo y ninguna situación extraña que requiriera la ayuda de los Nova como grupo armado se había presentado.
Seguía odiando el clima invernal siempre gris y lluvioso, pero ahora parecía que era más soportable, al menos ya no se le congelaba el alma, solo los huesos.
Siempre que se iba a entrenar con sus amigos tomaba la ropa más abrigadora que podía y se largaba corriendo como infante excitado por la nieve dispuesto a hacer esos muñecos feos y rechonchos que muchos pequeños siempre soñaban con hacer, aún si en ese lugar no caía ningún copo frío.
El barro ensuciaba sus zapatos y su ropa con cada voltereta al piso o movimiento brusco, pero trataba por todos los medios llevar su mirada hacia cualquier lugar que no fuera esas manchas horribles, porque si no se le quitarían todas las ganas de seguir ahí.
Ahora que se había relajado gracias al apoyo de los demás después de contarles su pasado y quitarse un peso de encima, el veinteañero se dio el lujo de ser un poco más expresivo de lo que ya era. Confiaba lo suficiente en todo el mundo como para hacerlo, o bueno, casi todo el mundo.
El alfa dragón se pasaba sus días embobado viéndolo ir de aquí para allá como un niño sin preocupaciones. Tan absorto estaba que no le interesaba nada más y no reconocía las intenciones del resto para con él.
Pero así mismo, con la personalidad activa que tenía el muchacho y atraía las miradas de todo el equipo, algunos comenzaron a notar sutiles cambios en el menor. Las primeras semanas fueron como una ilusión, algunos incluso lo tomaban como una pequeña nueva parte de su personalidad que recién comenzaban a entender de verdad. El pelirrojo dejaba escapar una que otra feromona sofocante pero cuando se daba cuenta lo suprimía al instante, aludiendo que aún era inestable en manejarlas y ellos le creían. Algunos alfas que sabían lo complicado que era controlarlas se acercaban y le daban palmadas en señal de apoyo, y el chico fruncía su nariz en un gesto asqueado por el olor a alfa que solo duraba menos de un segundo y nadie notaba.
Entre esos días también destacó la agresividad creciente. Comenzaba a aplicar más fuerza de lo normal en los combates, sobre todo cuando en ese último tiempo comenzó a incursionar en el arte de la espada. Los más temerosos rechazaban de manera amable sus entrenamientos particulares porque no querían sus cabezas rodando por el piso. Río solo se encogía de hombros y lo dejaba pasar para irse a molestar a alguien más, parecía que su energía nunca se apagaba por algunos días a vista de los demás. Realmente trabajaba muy duro para no hundirse en la comodidad de su habitación por el invierno.
Lo peor comenzó después.
Río nunca se había considerado una persona celosa, pero esto era principalmente debido a que nunca se había enamorado. Descubrió ese sentimiento por primera vez cuando llegó la lambda, pero todo ese furioso revoltijo de emociones se había ido con las palabras de Leon al declarar a viva voz su compromiso, y nunca más lo volvió a sentir, o al menos no con esa intensidad.
A veces se reía de sus compañeros en su juventud cuando llegaban comentando al trabajo o se quejaban en medio de una misión de que sus mujeres hacían escándalo por todo. Que por qué llegaban tan tarde. Que iban con otro olor encima. Y muchas otras cosas que el pelirrojo ya no recuerda. Río pensaba que si tanto les molestaba ¿entonces por qué tenían pareja?
Solo ahora cree tener la respuesta. Es decir, al menos algunas. Son todas inseguridades, porque en realidad no existe nada que ate a dos personas de forma definitiva, ni siquiera el matrimonio. Pero eso era en su antiguo mundo.
Él podía notarlo ahora, la señorita Voltt era una persona muy agradable, eso nunca lo negaría, lo notó desde el momento en que ella cruzó las puertas del comedor. Pero sus gestos amables sobrepasaban los límites de la paciencia de Río, y Lía no ayudaba mucho puesto que a veces se paraba a su lado mientras veían algunas escenas típicas e inocentes entre los dos jefes y soltaba algunos comentarios de víbora que lograban alterar una de las cejas del omega de forma frenética, arruinando su humor durante todo el día.
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DRAGONES (Borrador)
FantasyRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
