Treintaiseis

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La ropa blanca hondeaba en el aire mientras Mingyu tendía, el día era perfecto para cualquier cosa, soleado, con viento y las nubes desplazándose delgadas en el cielo azul, como la espuma de mar. Seokmin había llegado ese día solo para saludar, y peleó con Jun acerca de si las estrellas de mar tenían o no un trasero, de cualquier manera Mingyu no se quedó a escucharlos, puso de excusa la ropa y subió a la azotea alejándose del ruido.

Sacudió una sábana y sintió los delgados brazos del omega rodeándolo por detrás, ni siquiera tuvo que ver quien era, porque ese característico aroma lo hizo consiente. Se detuvo con la tela en sus manos y miró como las manos se entrelazaban sobre su estómago, y la cabeza de Minghao reposó en su espalda, justo en su nuca. Lo abrazaba tal y como lo hacía cuando dormían juntos, solo que esta vez estaban muy lejos de la cama.

—Gracias por dejar que Jun se quede.— Murmuró Minghao.

—No podía echarlo, si no eche a la perra entonces tampoco podría echar a tu hermano.— Respondió con una pequeña risa soltando la sabana. —No tienes que agradecer.

—Tengo que agradecer todo lo que has hecho por mí.— Minghao apretó su agarre. —Me gustas, Mingyu.

Mingyu suspiró. Claro que se gustaban, aunque quería actuar como una persona inexperta y tonta era difícil ignorarlo en ese punto. Lo sabía y estaba cansado de ignorarlo, lo sabía antes del baile, pero su estúpida negación infantil lo había hecho llevar el problema un poco más lejos. Mingyu ya no era un niño, ya no era alguien que desconocía los sentimientos como el amor y el cariño, no, era un adulto, y sabía lo que estaba sintiendo por Minghao, y sabía que Minghao sentía lo mismo.

—Sí, acerca de eso...lamento haberte empujado. No soy un virgen de preparatoria, lo prometo.— Se excusó. —Es solo que no lo esperaba.

—¿y lo esperas ahora?

Oh. No esperaba eso del omega.

Minghao por fin lo soltó pero se mantuvo quieto detrás suyo, como si estuviera esperando que Mingyu girara, y cuando lo hizo sus ojos grises se encontraron con los castaños de Mingyu. Ninguno dijo nada por un par de segundos.

Le gustaba Minghao. Y ya.

—Bien, ya lo espero.— Bromeó, o no lo hizo, porque se inclinó un poco para recibir el beso de Minghao.

Las manos de Mingyu hormiguearon queriendo tomar al omega, así que las colocó en sus brazos, sosteniéndolo solo un poco, lo necesario como para poder soltarlo si Minghao así lo quería, lo suficiente como para dejarlo ir.

Y lo suficiente como para que se lo arrebataran.

Wonwoo hubiera estado feliz de tener esa libertad ¿cierto?

Hold [GyuHao] [Omegaverse]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora