12.
Olimpea Morgenstern.
Vivir con cinco primos y un hermano no era fácil, y menos cuando tenían una inexorable capacidad de hacerse sentir en la mansión. No importaba que tan grande fuese la casa, después de tantos años ya podía sentir cuando cada uno atravesaba el umbral de la puerta.
Aunque mis dos tíos viviesen en Inglaterra, se las arreglaban para pasar mucho tiempo en New York y así estar con su familia.
El abuelo por su parte, debía de estar mucho tiempo en Washington resolviendo problemas gubernamentales, mientras yo quedaba sola y desamparada con mi dictadora abuela y los seis energúmenos.
Mamá era dulce y bastante alegra, era la contraparte de la amargura y seriedad de algunos de mis parientes, pero eso se debía a que ella era latina, o más bien, tenía raíces, había nacido en estados unidos, pero su mamá era colombiana y su papá mexicano.
Por culpa de sus genes yo no saqué los ojos que tenían casi todos en la familia, pero de todas formas me quedaba de consuelo ver a Samir y en ocasiones a Atalaya, ya que, él era un caso aparte.
— ¿Crees que se me marca mucho el soldado con este pantalón? — Me preguntó Samir, pasando y dándose la vuelta varias veces frente al espejo.
—No, se te ve promedio— Le dije, apartando la vista del celular y comprobando que no parecía que quisiera mostrar sus soldado.
Él en respuesta sonrió con orgullo y salió de mi habitación.
Ya me había acostumbrado a tener que ver y decir cosas incómodas gracias a ellos.
Los hombres eran muy raros, pero los de mi familia lo eran aún más.
Como la única mujer entre ellos, tuve que hacerme dura y bastante madura desde temprano edad, aunque eso no me quitaba lo caprichosa y que solía hacer muchas cosas si no obtenía con facilidad las cosas que quería.
En un momento dado de mi vida, los clasifiqué por grupos.
El primero era los serios.
Ese grupo estaba conformado por Conrad, Axel y mi hermano mayor.
Después estaba los que parecía que se tomaban todo a juego.
Ahí estaban Samir, Atalaya y su hermano Arkanis.
Por último, estaban los que engañaban con su cara.
Ahí debía estar Andreus de primero y luego Elián. Pero también debía agregar a otro elemento, y era el cuarto hijo del tío Brandon, puesto a que Conrad y Axel no eran mellizos; eran trillizos.
Alexander Morgenstern era la copia algo más rubia y decente de Axel, porque ellos dos sí se parecían, no eran idénticos, pero a plena vista se podía intuir que su lazo era más cercano que el de ser simplemente hermanos.
Alexander a diferencia de nosotros, se mantenía algo alejado de los problemas y se había quedado en la parte administrativa de la organización. Era un hombre sencillo, respetuoso y la definición del hijo perfecto, todo lo contrario al demonio de su hermano.
A veces me preguntaba cómo le hacíamos para no querer sacarnos los ojos y gritarnos que nos odiábamos, pero luego recordaba las terapias en las que nos colocaba el abuelo. Aun así, él terminaba diciendo que estaba harto se todos y le daban ganas de abortar con solo vernos, pero eso no era nada comparado con la forma en la que miraba a Atalaya cuando iba a casa de vez en cuando. Y también como había llegado a tratar a Axel en sus gloriosos años de juventud.
Estando sentada en el comedor principal, esperando el desayuno y contemplando las caras de sueño de mis primos, noté que faltaban dos personas.
Axel y Conrad.
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Entre Rosas Y Balas.
Teen FictionDesde el punto de vista de Carolein, las rosas significaban varias cosas en concreto, incluso, si le preguntaban, era capaz de enumerar cada uno de los puntos. Primero: Amor. Segundo: Pasión. Tercero: Sangre. Cuarto: Guerra. Quinto: Fuerza. Porque e...
