Capítulo 51.

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51.

Axel Morgenstern.

— ¿Realmente se puede hacer esto? Si no fuese el jefe ya te abrían despedido— Carolein pasó los dedos por mi pecho hasta detenerlos a los lados de mi cuello.

—Si encontrase a alguno de mis pilotos haciendo esto, lo despediría por incumplir las normas y no mantener la ética laboral — Recorrí uno de sus muslos y lo apreté antes de llegar al borde de la camisa blanca que antes yo había llevado puesta.

—Eso es injusto, deberías colocarte una sanción a ti mismo— me sonrió y se acomodó mejor la gorra que me había robado, alegando que a ella le quedase mejor aunque no supiese como se pilotaba un avión de ese tamaño.

— ¿No quieres ser tú la que me castigue? — Sonrió contenta y desapareció el espacio entre nosotros para poder besarme.

—Extrañaré esto— dijo sobre mis labios en cuanto yo iba subiendo mi mano hasta dejarla sobre uno de sus pechos—. Serán unas dos semanas muy largas— su lengua chocó con la mía y sentí ganas de volver a tenerla como lo había hecho hace un rato—. Pero eso no quiere decir que debo de tener a mi madre esperándome mientras yo tengo sexo en la cabina de pilotaje— me dio un suave pico y se alejó.

— ¿No más? Pero si mi pene ya te extraña— la tomé de la cintura y la besé con más intensidad al oír su risa.

—Tienes manos— se levantó y sentí el frío golpearme casi que de inmediato. Se quitó el saco mi sacó, la camisa y empezó a vestirse con la gorra puesta.

—Mi gorra— extendí la mano y me subí el bóxer y los pantalones.

— ¿No me la dejarás? — sin usar sostén, se pasó una camiseta sencilla blanca.

Se veían tan hermosos sus pezones que ya me estaba empezando a sentir nostálgico.

—Si no tengo mi uniforme colocado de manera adecuada mi jefe me podría despedir— levanté una ceja y ella renegó mientras me la devolvía.

— ¿Me llamarás?

—Sí.

— ¿Me enviarás fotos? — Sonrió con inocencia y se puso la gabardina gris y el gorrito de lana que combinaba con él.

— ¿Qué tipo de fotos? — Agarré la camisa y empecé a colocármela.

—Tú sabes qué tipo de fotos.

—Pervertida.

—También sabes que duermo mejor cuando tengo un orgasmo— me recordó, acomodando bien su ropa.

— ¿Me enviarás unas tú? — Me levanté y organicé toda mi vestimenta para no parecer que acababa de tener sexo en el lugar de trabajo.

—Tú me conoces, me gustan estas cosas— feliz se acercó a besarme y la acompañé fuera del avión.

Ya habíamos aterrizado en Alemania unas horas atrás, y me estaba tomando mi debido descanso al retrasar el viaje de aquellas personas.

—Deberías de apurarte, hay muchas personas angustiadas por no salir a tiempo.

—Qué lástima, eso les pasa por no tener jet privado— me puse los lentes de sol y puse bien mis guantes.

—Sí, porque todos somos Axel Morgenstern y tenemos aviones para jugar como si fuesen de los pequeños que se regalaban de cumpleaños— sonreí y ella me dio un suave golpe en el brazo.

—No es mi culpa tener dinero. Yo en cambio los ayudo, les brindo un servicio de calidad. Con unos cuantos retrasos hoy, pero de calidad— alargué el brazo y le rodee los hombros.

Entre Rosas Y Balas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora