Capítulo 14.

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14.

—Quien vaya perdiendo va saliendo y le da el lugar al otro, después pelearán los que perdieron, así vemos quién es el mejor de los peores— ordenó Maxon, colocando nuestros nombres en una planilla.

—Mayor, Davis— me llamó una femenina voz a mis espaldas.

—Sargento Naidoo— la saludé, justo como salíamos hacerlo los agentes especiales entre nosotros, puesto a que, cuando estábamos con un soldado que no pertenecía a nuestro mismo grupo, lo llamábamos por el cargo que obtenía en general, por esa razón Axel siempre decía me llamaba agente Davis.

—Estos son los formularios que me pidió para tener todo el orden de la misión de mañana en el casino, también están los planos del lugar y la posición que adquirirán todos los soldados, además del papel que están desempeñando en las academias y lo que la información que cada uno ha obtenido, si cree que puede hacer algún cambio me gustaría que me lo notificara a tiempo para poder tener a los soldados listos— explicó, señalándome puntos importantes en las distintas.

—Muchas gracias, Sargento, revisaré esto con Morgenstern y le haré llegar la información si cambiamos algo. Ya puede retirarse— ella asintió y se despidió de forma militar, pero no sin antes mirar con lo que pude identificar como rabia a Samir.

La agente Anika Naidoo había sido trasladada desde la división sudafricana hacia acá, debido a su buen desempeño y entrega, aunque muchos dijesen que había sido solo porque su papá era el general a cargo de ese país y por eso tenía prioridad sobre otros, pero yo había sido testigo de su disciplina, talento e inteligencia.

Por otro lado, era de las agentes especiales más destacadas por su belleza, al igual que una buena parte de la población sudafricana, ella era rubia y de ojos azules; se podía decir que si Barbie existiese sin duda alguna sería ella.

En aquella misión estaba en una de las academias de modelaje que habíamos fichado como posible objetivo del clan cobra. Como ya había modelado en muchas ocasiones y conocía todo de ese mundo, era la agente principal en aquella parte, justo como yo lo era en la academia de baile y la universidad.

—Ella me odia— murmuró Samir en cuanto vio que la rubia ya no estaba en el lugar.

—Le tiraste un café caliente encima de su vestido blanco el primer día que vino, ¿Cómo pretendes que no te odie? — Le reclamó Andreus, envolviendo sus manos en vendas.

—Quizás y aplique eso de que del odio al amor hay un solo paso— Conrad subió al cuadrilátero y esperó a su oponente.

— ¿Qué tal todo con la agente Gómez? ¿Ese pastelito de chocolate no ha querido ceder ante tus supuestos encantos? — Se burló Samir, colocándose frente a él.

—No hay encantos ante los que ceder porque está comprometida— confesó casi que hablando entre dientes.

—Ya saben las reglas, nada de golpes a la cara que dejen alguna marca, tampoco se puede tocar las partes nobles de su oponente y nada de morder o pellizcar a su oponente, y si logran retener al otro más de diez segundos contra el suelo, automáticamente ganan esta pelea— dijo Maxon, haciendo uso de esa seriedad que solo salía a relucir cuando estaba en algo importante de su trabajo.

—Debo documentar esto— Elián sacó su teléfono y empezó a grabar la pelea cuando Maxon dio la orden de iniciar.

Estaba más que segura que el ganador sería Samir, él era de los mejores en esa clase de peleas, sin contar de que era el más alto y fornido de todos.

Los Morgenstern eran bastante altos, ninguno estaba por debajo del metro ochenta de estatura, y lo Axel, Conrad y Andreus estaban casi rayando el metro noventa, pero Samir media más de dos metros y podía jurar que pesaba más de noventa kilos. Un golpe de él podía pesar mucho más que el de cualquier otro.

Entre Rosas Y Balas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora