16.
Siempre me había gustado despertar temprano y ser una persona que aprovechaba el tiempo cuánto más pudiese. Pero ese día no quise hacerlo.
Cuando desperté solo supe ver el tranquilo rostro de Axel a mi lado, y no quise levantarme, pero lo hice, me cepillé los dientes y me di una ducha, pero no hice más, solo me quedé con el albornoz en el cuerpo, viendo el bonito rostro que tenía frente a mí.
Coloqué un dedo en el huequito que tenía en la barbilla, y de inmediato él frunció el entrecejo, justo como casi siempre lo hacía, dándose la vuelta, abrazando la almohada que tenía cerca.
Reí ante su reacción, pero todo motivo de gracia se fue en cuento vi su espalda.
¿Por qué carajos tenía eso ahí?
Me acerqué más a él y me centré en ver las dos quemaduras que había ahí.
En la parte del omóplato izquierdo, tenía la frase "la cosa nostra" hecha como si fuese una quemadura, y eso era precisamente lo que usaban los clanes de la mafia italiana para identificarse, y más abajo tenía una cosa hecha de la misma forma; como si lo hubiesen quemado con eso. Pero eso no era lo único, por el largo trayecto de su espalda, había varias líneas blanquecinas, las cuales que indicaron que en algún momento algo lo debió haber cortado por casi todo aquel trayecto.
¿Cómo se había hecho eso?
Estiré mi mano y quise tocarlas, pero no alcancé, no sabía si era correcto.
Me acerqué a él y pasé un brazo por su cintura, quedando frente a su nuca.
— ¿Ya dejaste de verme, Davis? — preguntó con voz soñolienta, dándose la vuelta para quedar frente a mí.
—No aún me falta mucho por ver— le dije, pasando una mano por su abdomen y pecho.
—Bueno, creo que así te daría una mejor vista— se posicionó sobre mí, colocando mis piernas a cada lado de él. Se irguió y quedó de rodillas de la cama.
Antes de que él llevase las manos a la cinturilla de su pantalón, yo ya había alargado un brazo para poder acariciar su erecto miembro.
—No he dejado de pensar en lo que me hiciste anoche— quedé sentada en la cama, bajé el pantalón y lo vi de inmediato.
— ¿Ya desayunaste? — con mi ayuda de bajó el short para después quitárselo por completo y tirarlo a un lado de la cama.
—No, ¿Por qué? — empecé a besarlo en el pecho, sin dejar de tocar ese falo que tanto me estaba empezando a gustar.
—Porque ahora sí te voy a follar, así que no quiero que te desmayes a mitad de sesión— puso su mano alrededor de la mía y apretó un poco más mi agarre—. Apriétalo así, Davis, muéstrame lo mucho que me deseas.
Mierda.
Él había dicho que ahora sí me iba a follar, y yo ya no quería esperar.
Abrió el lazo que mantenía cerrado el albornoz, dejándome desnuda ante él.
—Davis, antes de eso, te tengo unas preguntas— se fue inclinando hasta dejarme sobre el colchón—. ¿Quieres hacerlo? — dijo empezando a besar mi cuello.
—Sí.
—Entonces iré a cepillarme los dientes— se separó de mí y estuvo a punto de bajarse de la cama, cuando lo tomé de la cintura e hice que volviese a su lugar.
—Tú no sales de esta cama— le advertí, notando como se reía en mi cara.
—Eso suena bastante bien para mí, pero debo hacer otra pregunta— me tomó de las piernas y rozó su duro miembro contra mi intimidad, empezando a crear una deliciosa fricción que nos gustaba a ambos—. ¿Algún ETS? Porque la verdad tengo demasiadas ganas, Davis.
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Entre Rosas Y Balas.
Teen FictionDesde el punto de vista de Carolein, las rosas significaban varias cosas en concreto, incluso, si le preguntaban, era capaz de enumerar cada uno de los puntos. Primero: Amor. Segundo: Pasión. Tercero: Sangre. Cuarto: Guerra. Quinto: Fuerza. Porque e...
