22.
Como había visto cuál era el código del elevador. Me las arreglé para llevar mi bolso, la pañalera de Angelique y a ella en mis brazos.
Axel decía que quería hijos, así que vería como se comportaba alrededor de los niños.
Al llegar al apartamento, todo estaba solo, por lo que deduje que Axel estaba en la habitación.
—Bien, bebé, tú te quedarás aquí, que tu mami de hoy va a ir a buscar a tu papi— le hablé, dejándola sobre el sofá, sabiendo que no le pasaría nada malo porque ella era bastante quieta cuando se le pedía y no tardaba mucho.
Corrí hasta la habitación, y al abrir la puerta, me encontré con la excitante imagen de Axel en la cama, apoyando su espalda en la cabecera de la cama, con solo una parte de la sábana blanca cubriendo sus caderas.
—Tarde, Davis— musitó, llevándose a la boca una de las uvas que habían la mesa de noche.
—Tenía que hacer algo antes— le Indiqué que se levantara, y él no dudo en hacerlo de forma obediente, manteniendo la sábana sujeta a él.
—Vamos a jugar, quiero mostrarte algunas cosas— se acercó más y llevó su boca directo a mi cuello, pasando la lengua sin vergüenza alguna, dejando varios besos ahí mismo.
—Yo también quiero mostrarte algo— puse toda mi fuerza mental en alejarme, guiándolo hasta la sala, viendo a Angelique con mi teléfono entre manos.
— ¡Alex! — gritó feliz, dándome a entender que sí lo reconocía, pero que al parecer no sabía su nombre de forma correcta.
De igual forma, cuando no me decía chica era Caroline en vez de Carolein.
— ¿Qué está pasando aquí, Carolein? — dijo lentamente, mantenido los ojos clavados en la niña.
Él sí sabía decir mi nombre, con algo de rabia agregada, pero lo decía bien.
—Te dije que vamos a jugar; jugaremos al papá y la mamá hoy— lo tomé del rostro y le dejé un beso en los labios a pesar de que intentó alejarse.
—Este no era el clase de juego que yo quería— entrecerró los ojos y se dio la vuelta, manteniendo la sábana sujeta a sus caderas.
— ¡Alex! — volvió a gritar la niña, tratando de bajarse del sofá para correr tras él, solo que la detuve antes de que lo alcanzara.
—Él debe ir a ponerse algo, mientras nosotras nos organizamos mejor— la cargué devuelta al sofá y saqué algunos de los juguetes que ella llevaba guardados en el bolso, pero le terminó gustando más mi teléfono.
A los pocos minutos, Axel volvió a aparecer, ya vestido y llevando varias cosas entre manos, cosas que reconocí como un oso de peluche y una de esas cosas en dónde acostaban a los niños en el suelo para que viesen las figuras que colgaban del objeto en cuestión.
—Es increíble que vaya a hacer esto— murmuró acercándose a nosotras, dejando el oso en el sofá y la otra cosa en el suelo. Sentó a Angelique en una de sus rodillas y le quitó los zapatos, la chaqueta que llevaba, dejándola al final solo con el pañal, el gorro que llevaba puesto y su suéter verde.
— ¿Por qué le quitas la ropa? — dije en cuanto la bajó al piso, permitiéndole que caminara o gateara, como le gustaba hacer a veces; por todo el penthouse.
—No entiendo por qué le ponen tanta ropa a los niños, a ellos les da igual, además de que los incómoda y quita movimiento— tomó la pañalera y vio cuando Angelique regresó por mi teléfono, pero él se lo quitó rápido y me lo dio—. No le des celulares, daña su crecimiento cognitivo— me regañó, dirigiéndose a la cocina.
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Entre Rosas Y Balas.
Novela JuvenilDesde el punto de vista de Carolein, las rosas significaban varias cosas en concreto, incluso, si le preguntaban, era capaz de enumerar cada uno de los puntos. Primero: Amor. Segundo: Pasión. Tercero: Sangre. Cuarto: Guerra. Quinto: Fuerza. Porque e...
