8.
Una bala.
Dos balas.
Tres balas.
Cuatro balas.
Las conté una a una, llevando también el recuento de los muñecos que caían al piso con casa balazo que yo les había llegado a proporcionar.
—Bien, Davis— Felicitó Elián—, ahora en movimiento. Quiero que vayas al campo y cambies el arma por un prototipo— Indicó, observando al resto de soldados.
A pesar de que no era un soldado de alto cargo, sí era el mejor francotirador de toda la organización, parecía nunca equivocarse en sus tiros, por lo que se había vuelto el maestro predilecto para todos los que tuviesen una especialidad en armas de largo alcance.
—Vamos— Me incorporé y fui junto a él al lugar en donde reposaban las armas, dejé la mía allí y bajé de la azotea, siendo escoltada por Elián y varios soldados más que, al igual que yo, estaban practicando ese día—. ¿Aún te sigues haciendo la dura con mi hermano? — Cuestionó, enarcando una ceja y alzando apenas una de sus comisuras.
—No me hago la dura, solo no me gusta— Sonreí de la misma forma en la que él lo hacía y pasé la mano por mi coleta alta.
— ¿Es en serio? Pero si es un Morgenstern— Exclamó, pareciendo extrañado y un tanto indignado.
— ¿Y eso qué tiene? — Tenté, sabiendo cómo era el ego de los integrantes de esa familia.
—Que todos están obsesionados con nosotros, sobre todo conmigo— Contestó, girando los ojos y tomando un aire desinteresado que lo hacía ver como un sabelotodo.
— ¿Tan elevada tienes la imagen de ti mismo?
—Mi ego debe hacerle justicia a mi belleza— Justificó, encogiéndose de hombros y guiñando un ojo.
Lo cierto era que tenía algo de razón, sin contar los gustos personales de cada quien; él era quien más llamaba la atención en toda su familia, sobre todo sus ojos, los cuales podían verse grises en ocasiones, le daban cierto toque felino y su mirada no hacía más que cargar todo el magnetismo que ya poseía en esa parte de su cara.
—Engreído— Fue lo único que dije, ganándome así que él pasara el brazo sobre mis hombros y empezara a restregar sus nudillos contra mi cráneo—. Ya, ya, tienes razón.
— ¿Razón en qué? — Preguntó entre risas.
—Eres el más hermoso— Grité, sintiendo como el cabello me entraba en la boca y me empezaba a fatigar en exceso.
—Eso quería a oír— Admitió, dejándome en paz, pero con todo el cabello en la cara.
— ¿No tienes muchos amigos, cierto? — Inquirió, sonando un poco entretenido y divertido.
—En efecto, creo que siempre he conocido a las mismas personas— Admití con naturalidad, sabiendo a la perfección de que esas personas que conocía siempre estarían para mí, sin segundas intenciones o falsedad.
—A Olimpea le agradas, lo cual hace que le caigas bien a toda la familia; creo que te ve como su única amiga— Comentó, tomándome por sorpresa—, lo digo porque ella es lo más importante para todos y de cierta forma apreciamos que se esté abriendo un poco y conozca más personas. Mi abuelo no considera sano para una adolescente el solo rodearse por hombres que son de su familia, por eso siempre te da órdenes de que estés con ella, pero ya veo que eso no te molesta— Sonrió un poco y pude notar lo mucho que le agradaba eso, a pesar de que él siempre solía tener una expresión sarcástica o de burla.
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Entre Rosas Y Balas.
Roman pour AdolescentsDesde el punto de vista de Carolein, las rosas significaban varias cosas en concreto, incluso, si le preguntaban, era capaz de enumerar cada uno de los puntos. Primero: Amor. Segundo: Pasión. Tercero: Sangre. Cuarto: Guerra. Quinto: Fuerza. Porque e...
