S I L E N T M A J O R I T Y
¿Y si todos nos levantamos?
¿Y si no cedemos?
¿Y si cambiamos toda complacencia por una voz que no será ignorada?
¿Cómo podemos simplemente rendirnos?
¿Cómo podemos simplemente ceder?
¿Y si la mayoría silenciada no estuviera silenciada nunca más?
Caleb se estira a lo largo en la cama y descubre que está solo. Aturdido y aún adormilado se levanta con torpeza y sale de la habitación chocando con algunos muebles en el trayecto. Llama a Christopher cuando sale hacia el pasillo, pero el Celat no parece estar en ningún lugar cercano. Le resulta extraño porque Chris no suele alejarse de él de esa forma. Se abraza a sí mismo porque el aire es frío y está usando poca ropa cuando se conduce hacia el comedor.
—¿Chris? —pregunta cuando asoma la cabeza por la puerta. Para su sorpresa, no es Christopher quien se gira hacia él con una enorme sonrisa—. ¡Jasper!
Ambos chicos recorren la distancia que los separa con pasos largos y rápidos para estrechar al otro en un fuerte abrazo.
—No puedo creer que volviste por fin. ¿Cómo estás? ¿Esa manada te trató bien? ¿Has comido? —cuestiona Caleb sin detenerse mientras le revisa el rostro y el cuerpo—. Vaya, ¿qué es esto? ¿Músculos? ¿Has estado entrenando?
—Podría preguntarte lo mismo —responde Jasper señalándolo—. ¿Christopher te obligó a entrenar? ¿Pero qué demonios se cree?
—Yo se lo pedí, en realidad. Mírate, no podía quedarme atrás.
La tetera comienza a sonar y ambos se acomodan al lado de la mesa, frente a frente con humeantes tazas de café. Caleb mira a Jasper y lo diferente que luce ahora. No es solo la musculatura que ha adquirido, sino la tranquilidad que hay en él. Sus rasgos se ven menos marcados, luce feliz de verdad. Cuando lo dejaron atrás incluso él mismo tuvo dudas. Se cuestionaba qué pasaría si ellos lo encontraban lejos del castillo, que haría si no lograba controlar al lobo. Muchas noches esperó la llamada de esa alfa diciéndoles que había escapado, que se lo habían llevado.
—Cielos, echaba de menos este lugar —dice Jasper mirando alrededor.
—¿Hace cuánto volviste?
—Un par de horas y... no vine solo.
Caleb está a punto de preguntarle a qué se refiere cuando la puerta se abre con un golpe y se choca contra la pared lateral. Christopher está ahí de pie, con su ceño fruncido y esa mirada de odio que se coloca sobre Jasper tan pronto lo encuentra. El castaño se levanta con movimientos tímidos y lentos y se acerca con pequeños pasos hasta llegar al Celat, abrazándolo sin dudar. Caleb podría jurar que Christopher sonríe cuando lo recibe. No le devuelve el abrazo, no en esa palabra porque solo coloca sus palmas en la espalda de Jasper.
—Ya, quítate maldito perro —dice con voz suave. El enojo no regresa a sus facciones, pero su voz se endurece cuando Jasper se aparta y lo mira—. ¿Por qué demonios trajiste a toda la manada contigo?
—Tienen cosas que hablar contigo.
—Bueno, yo no tengo nada que hablar con un maldito grupo de perros con esteroides.
Gruñidos de respuesta resuenan en el patio. Muchos gruñidos en realidad. Caleb se pone de pie de inmediato y se asoma a medias. Ahí está la manada. No toda, en realidad no sobrepasan los diez, pero todos los miran con brazos cruzados y odio marcado en el rostro.
ESTÁS LEYENDO
Báthory
VampireCaleb vive una vida normal. Tiene un buen trabajo, amigos, un perro y un maravilloso novio. Pero, una noche Caleb descubre que su novio no es nada de lo que él imaginó y pronto su vida se ve envuelta en un torbellino de vampiros, licántropos y cosa...
