¿Quién dijo que iba a ser fácil? Es obvio que cuanta más gente quieres más más esfuerzos tienes que hacer para protegerlos, pero no poder hablar... No poder hacer públicas tus intenciones puede ser el punto de inflexión en tu vida. Ha riesgo de perd...
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—¿Estás bien, Nealie? —preguntó el lobo con humor mientras me aferraba a él como si fuera un salvavidas.
Me resultó imposible contestar. Hacía quince días que no sabía absolutamente nada de él, o de Beth, por no hablar del resto de la manada, y ver por fin una cara amiga, era realmente gratificante. Tanto era así que se me estaba haciendo difícil incluso el contener los sollozos que retenía con mis labios apretados en un tenso puchero.
Sollozos que amagaban con ahogarme pero que me sentía completamente incapaz de dejar escapar de mi pecho, y para los cuales no tenía una explicación racional.
Supongo que cuando fue consciente de que no pensaba soltarle por absolutamente nada del mundo, envolvió mi cintura con suavidad con uno de sus brazos y con su mano libre me obligó a alzar mi rostro para depositar un suave beso en mi frente, obligándome a apretar mis dientes con todas las fuerzas de las que disponía en esos momentos, intentando no echarme a llorar como una magdalena ante su inocente gesto.
Gesto que con anterioridad únicamente me había dedicado Viggo.
—Está bien, está bien —masculló el lobo finalmente, obligándome a separarme de él para enlazar nuestras miradas.
—¿Dónde demonios has estado? Han pasado muchas cosas... todas malas —me apresuré a decir.
Antes de que el lobo pudiera contestarme, los reconocibles motores de dos coches se detuvieron a mis espaldas, provocando que girara mi rostro lo suficiente para poder ver cómo Katherina saltaba de la camioneta de Derek y corría hacia nosotros.
—A partir de ahora todo mejorará —aseguró él, dedicándole una leve sonrisa a Katherina, quien simplemente asintió con su cabeza a modo de saludo—. Supongo por esa mirada que sabes quién soy.
—Lo sé todo —aseguró la morena, estirando su mano para que el lobo la estrechara, acto que él no dudó en realizar—. Ahora que estás aquí, mataréis a esa zorra y podremos volver a vivir en paz, ¿no?
—Algo así, pero no será ahora —murmuró el lobo.
Todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo se erizaron cuando el lobo estiró sus labios en una tétrica sonrisa hacia Jennifer Blake, todavía en el interior de la camioneta, al igual que los tres hombres, quienes mantenían sus ojos fijos en nosotros sin poder disimular las incrédulas expresiones de sus rostros.
—Vamos —masculló Fenrir.
Y sin dejarnos discutirle nada, levantó la moto de un rápido movimiento y le arrebató el arma a Kath de las manos para meterla en el hueco del asiento antes de dedicarme una extrañada mirada, que se acentuó cuando identificó el otro arma en el fondo, obligándome a encogerme de hombros, dándole a entender que se lo explicaría más tarde.
—Tío... es Derek.
El incrédulo tono de voz de Stiles llegó a mis oídos, provocando que mis ojos subieran por unos segundos al rostro del lobo, comprendiendo las palabras del adolescente.