Petrolero en llamas

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– ¡Mammoth! – gritó X, saltando poca distancia hacia atrás para crear algo de espacio entre los dos, pero sabía que en poco tiempo se cerraría. – Debí sospechar que eventualmente aparecerías. ¿Ya te cansaste de ocultarte y golpear a los que son más débiles que tú?

– Difícilmente. – respondió el paquidermo plateado. – Ahora estás aquí, ¿no?

Sin decir otra palabra, de pronto X se vio sujeto por la trompa del Maverick, alongada, esférica y multi-seccionada, que lo levantó en el aire y lo lanzó hacia adelante. La puerta situada en la pared al este registró una presencia cercana y se abrió rápidamente para permitir la entrada. X cayó al suelo y se encontró en medio de lo que parecía ser una especie de cámara de procesamiento, estando él mismo encima de una cinta transportadora que no se movía, rodeado de tanques llenos hasta el tope con un valioso fluido y otros químicos vitales. Mammoth entonces cargó a través de la entrada abierta, y el reploide de armadura azul y blanca tuvo que saltar por encima del elefante para evitar salir lastimado tan pronto de iniciar la batalla.

– Así que, el perro de ataque de los humanos SABE algunos trucos. – resopló Mammoth, cruzándose se brazos. – Por desgracia para ti, eso no te hará ningún bien aquí.

– El arma que estaba aquí. – empezó a decir X, sin siquiera poner atención al insulto del reploide más grande. – ¿Qué es lo que era? ¿Y a dónde se fue?

– ¿Oh, eso? – preguntó Flame Mammoth, recordando el espacio en la pared con el que X parecía estar fascinado antes. – Ahora está en posesión de Sigma.

Un escalofrío recorrió la espina metálica del Hunter más pequeño, pero se mantuvo firme. – ¿Para qué la quiere? – presionó, deseando conseguir tanta información como le fuera posible.

– ¡Para tener un medio con el cual exterminar a todos los humanos en esta isla! – gritó Mammoth. –¡Al igual que acabar con cualquiera que se atreva a oponerse al futuro que nos pertenece por derecho!

– ¿Crees que un futuro construido sobre sangre derramada y asesinatos durará? – cuestionó X, frunciendo las cejas. – ¡Estás mal de la cabeza, Mammoth!

– Y tú sigues siendo el mismo debilucho patético de antes. – respondió el paquidermo metálico con desprecio. – No puedo creer que Sigma realmente piense que tú vales algo. No deja de hablar de que tú eres el futuro de todos nosotros. ¿Puedes creer eso, X?

X se quedó en silencio por unos momentos. – Si eso es verdad, entonces este no es un futuro hecho para todos. – declaró. – Y no es un futuro que tú o Sigma vivirán para ver. – El Hunter de armadura azul y blanca notó entonces una colección de ocho cápsulas situadas en la pared oeste, y las tuberías que vio antes aparentemente estaban alimentándolas a través de aberturas en la parte superior. Sus ojos verdes se quedaron fijos en ellas, y luego otra vez en Mammoth.

– Tienes curiosidad sobre qué son esas, ¿verdad? – inquirió Flame Mammoth, cogiendo un interruptor que colgaba de su cinturón y presionando uno de los botones. Las cápsulas abrieron sus cubiertas frontales para revelar sus contenidos. – ¡Mira! ¡Velo por ti mismo!

Las cubiertas frontales de las cápsulas se deslizaron de lado, revelando rostros familiares que X había visto antes, los mismos rostros de aquellos a los que previamente había eliminado. Alineados estaban cada uno de los Mavericks bajo el mando de Sigma a los que había derrotado, o al menos visto sus muertes: desde Chill Penguin en el extremo izquierdo hasta Storm Eagle en el derecho. Pero la última, la octava cápsula, parecía estar vacía.

– Sí, Sigma no necesitará un duplicado de mí. – señaló Mammoth, posicionándose frente al Hunter azul y alzando su trompa en alto, lanzando un potente bramido que hizo eco por toda la cámara. – ¡Porque yo mismo le llevaré tu cadáver!

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⏰ Última actualización: 17 hours ago ⏰

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