Cortando a través de la neblina

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– ¡Sr. Takenada! – gritó Roll, mientras el hombre continuaba corriendo con el dispositivo y su hijo en manos. – ¡Sr. Takendada! ¡Kenichi! – volvió a gritar de nuevo, pero los humanos continuaron, aparentemente sin escuchar sus llamados, o quizás sí los habían oído, pero ya que era una reploide, un ser mecánico, no se molestaron en detenerse.

Especialmente viendo que ya no poseía la misma apariencia que antes.

– Esto no va a funcionar. – señaló Chiyo, cuyo brazo bueno sostenía el arma prototipo que había creado, mientras el otro seguía en el cabestrillo, con un brazo mecánico sin terminar en el costado, pegado en el codo del dispositivo que impedía que su brazo roto creara ningún tipo de movimiento. – No van a volver por ti.

Roll se mordió el labio, despreciando el hecho, pero en última instancia era verdad. Aun así, ¿no había nada que pudiera hacer para asegurarles a los humanos que no era una amenaza? ¿Especialmente a aquellos que peleaban por defenderlos del verdadero adversario que simplemente llevaba la misma cara que su raza?

Y entonces, justo cuando iban pasando, un estruendo empezó a sonar.

– Oh no. – murmuró Roll, mirando hacia arriba, viendo la parte superior de una estructura que apenas se sostenía empezando a derrumbarse. – ¡CORRE!

La rubia agarró a la humana por su brazo funcional y echó a correr. La parte superior del edificio comenzó a caerles encima, y más y más de las otrora respetables estructuras de negocios y establecimientos se venían abajo, amenazando con aplastar tanto a reploides como humanos por igual. Roll no dijo ni una palabra, sino que continuó corriendo hacia adelante aumentando su velocidad cada vez que podía, prácticamente sintiendo cómo los pies de Chiyo abandonaban el piso varias veces debido a la velocidad a la que viajaba.

Por supuesto, aunque ella logró evitar ser aplastada...

– ¡GAH!

Lo mismo no podía decirse de la chica que estaba bajo su cuidado.

En efecto, al sentir que la humana repentinamente ganaba una cantidad de peso considerable que no debería ser posible, Roll se detuvo y se dio cuenta que, aunque la mayor parte del cuerpo de la joven se había salvado, su brazo por desgracia había quedado atrapado bajo un trozo de concreto caído, dejándola en el suelo y aplastando también el miembro robótico que había construido, junto con el cabestrillo y el brazo orgánico que estaba en él.

No hacía falta decirlo, le tomó unos momentos para que el shock se desvaneciera antes que su garganta y cuerdas vocales finalmente correspondieran con la adrenalina que corría por sus venas.

Más adelante, el Sr. Takenada continuaba, pero los oídos de Kenichi captaron un grito distante. Una voz femenina, y aún más, horriblemente familiar.

Death Rogumer...

Esto era todo.

– ¡El potencial y el poder para forzar a los que son más débiles que nosotros a arrodillarse!

Esta era la única forma.

Maniobrando fuera del camino justo en el momento correcto, el Storm Tornado apenas falló al Reploide que pendía de un hilo por completo, pero sólo apenas, aunque sí golpeó la vela que X estaba sujetando, simultáneamente liberando al Hunter atrapado y permitiéndole implementar el siguiente paso de su plan.

Lamentablemente.

– ¡Chameleon Sting!

De su buster salieron disparadas una serie de tres proyectiles con forma de rayo, de un color brillante verde. X entonces sintió que tanto la gravedad como el viento comenzaban a arrastrarlo lejos de la nave, y se agarró del borde rápidamente para volver a subirse. Un grito de dolor y agonía golpeó sus audio receptores y, al mirar arriba, la causa fue muy clara: las alas otrora hermosas e inmaculadas de Storm Eagle ahora estaban dañadas, con múltiples agujeros, pues la maldita arma de ese maldito lagarto atravesó sus plumas y circuitos igual que antes, dejándolo sin capacidad de vuelo y, a su vez, sin medio alguno para surcar los cielos.

Potencial IlimitadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora