El mes de Octubre se había presentado inusualmente frío ese año. La caída de la hoja estaba más que acelerada, y la helada ventisca hacía temblar los cristales de las ventanas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Se podía escuchar el ulular del viento desde los pasillos, absolutamente silenciosos; pero era más difícil en las aulas, repletas de ruidosos alumnos en medio de sus clases. Aunque, en la clase de Runas Antiguas, en el Aula 6B del sexto piso del castillo, no se hubiera escuchado nada del exterior ni aunque el Sauce Boxeador hubiera dado un gancho de derecha a la ventana.
—¡Pásala! ¡Aquí, aquí! ¡PASA!
—¡A mí! ¡A mí!
—¡No, a él!
—¡Que se cae, que se cae...!
Hermione Granger cerró los ojos y se aferró con ambas manos al libro que tenía abierto sobre su pupitre. Estaba utilizando toda su fuerza de voluntad para tratar de ignorar el hecho de que una gran burbuja negra llevaba una hora volando de un lado a otro del aula, pasando peligrosamente cerca de su cabeza de cuando en cuando. Una burbuja de tinta, para más información. Sus compañeros de séptimo de la clase de Runas Antiguas habían creado por medio de un hechizo dicha burbuja, y se divertían escandalosamente pasándosela entre ellos por los aires con ayuda de sus varitas, al tiempo que correteaban por la clase.
La joven contó hasta cinco mentalmente, para tratar de dominarse y no dejarse llevar por la furia que estaba consumiéndola. Iba a terminar estallando de la presión que estaba conteniendo. Sentía el corazón latir pesadamente en su pecho. Y notaba su ojo derecho a punto de sufrir un tic. Su pierna ya era un caso perdido.
Decidió volver a leer, por cuarta vez, el párrafo del libro que llevaba tratando de asimilar toda la bendita clase. O, mejor dicho, la línea.
«El Fwooper posee la capacidad de variar de color ...»
—¡Aquí! ¡Aquí! —seguían gritando sus compañeros.
—¡Cuidado!
—¡Dale, dale...!
«Sus variantes de colores hacen que su imagen... El Fwooper posee la capacidad de variar de color... »
—¡Pásala, pásala!
—¡Que la cojo, pásala...!
«El Fwooper posee la capacidad de...»
—¡Qué buena! ¡Ahora a mí!
—¡AQUÍ!
Hermione se tragó como pudo el rugido rabioso que necesitaba emitir y alzó la mirada, incapaz de creer que de verdad estuviesen jugando a ese estúpido juego. Evidenció lo evidente al ver que la burbuja de tinta pasaba por encima de su cabeza, afortunadamente sin tocarla, e iba a parar a la varita de uno de sus compañeros, que inmediatamente se la pasó con ayuda de la magia a otro. Hermione de nuevo cerró los ojos un instante, respirando hondo, y devolvió la mirada al libro, aunque esta vez no intentó seguir leyendo. Sentía que estaba perdiendo el tiempo.
«Es desquiciante», pensó Hermione, desolada, soltando el libro y sosteniéndose la cabeza con ambas manos. «¿Cuánto tiempo va a seguir esto así? Y todo por su culpa... Toda la culpa es suya...», giró la cabeza, mirando por encima de su hombro, y centró la mirada en cierta persona que estaba sentada al fondo de la clase, «Malfoy».
Efectivamente, Draco Malfoy tenía que estar detrás de la tortura de la chica.
Todo había comenzado una semana antes, cuando se colocó un aviso en el tablón de anuncios de cada Casa notificando que la anciana profesora de Runas Antiguas, Bathsheba Babbling, había cogido un permiso indefinido para poder recuperarse de un supuesto accidente relacionado con unas cuantas vainas de Snargaluff y algún que otro miembro casi amputado. En el anuncio también se decía que el profesor Binns sería el encargado de cuidar a los alumnos de dicha clase en ausencia de Babbling, mientras ellos se dedicaban a los numerosos deberes que la mutilada profesora les había dejado para hacer y, así, no retrasarse con la materia. Pero había resultado ser un desastre.
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Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
