Hermione arrugó el rostro mientras intentaba moverse con la mayor cautela posible. Necesitaba cambiar de postura para mantener el dolor lumbar a raya, pero no quería bambolear en exceso ni hacer chirriar el colchón. Estaba sentada en el borde de la cama, ocupando el menor espacio posible; posición que ya de por sí era incómoda. Había conseguido apoyar la espalda en el duro cabecero de hierro, pero tampoco había resultado particularmente confortable. Aunque su comodidad no era algo que le preocupase en ese momento. No había preocupaciones mientras lo escuchaba respirar.
Draco estaba profundamente dormido. Tumbado sobre su costado izquierdo, de cara a la pared. Replegado sobre sí mismo, arropado en la vieja colcha gris reglamentaria que todos los cuartos de Grimmauld Place poseían. En esa postura, su brazo derecho, todavía sujeto en un firme cabestrillo, no le molestaba. Desde que Hermione estaba allí, no se había movido. No había cambiado de postura. Por supuesto, debía estar agotado.
Hermione se había sentado en la cama, a sus espaldas. Sin pasársele por la cabeza despertarlo. Que durmiese todo lo que pudiese. Él no sabía que la chica estaba allí. Eran casi las seis de la tarde, y Hermione llevaba ya dos horas encargándose de la guardia de media tarde del prisionero.
El resto de la Orden estaba en la cocina, a escasos minutos de comenzar una importante reunión. Una reunión que Remus había convocado, en principio para esa mañana, con la finalidad de enseñar a todos los miembros a realizar correctamente el Encantamiento Patronus. Una reunión que, dadas las circunstancias, y a pesar de lo sucedido, siguió considerándose prioritaria debido a la presencia de los Dementores en el bando enemigo. Simplemente, a causa de todo lo sucedido esa noche en el Valle de Godric, fue aplazada hasta la tarde.
Hermione se las arregló para convencer a sus compañeros de que ella no lo necesitaba, gracias a su plateada nutria, y pudo ausentarse de la reunión. Más aún, se ofreció a cuidar del Sargento Negro que tenían prisionero durante el tiempo que durase la reunión, para que ninguna otra persona que sí que la necesitase se la perdiese. Sacrificando su valioso tiempo cuidando de un mortífago. Aceptaron, y, en lugar de Elphias Doge, Hermione se encargó de la vigilancia del prisionero. Y Doge pasó al turno de noche.
Harry y Ron también se habían saltado la reunión, por los mismos motivos que su amiga. En su caso, habían estado toda la mañana encargándose de asuntos relacionados con Azkaban, y por la tarde fueron al Valle de Godric a ayudar. De modo que no llegaron a enterarse de que se había ofrecido como cuidadora de Draco Malfoy, y se ahorró escuchar sus protestas.
Contra todo pronóstico, Hermione se las había arreglado para disponer de varias horas por delante, justificadas, en compañía de Draco. Con suerte, sin ser interrumpidos. No era, en absoluto, la situación más segura para hablar con él, pero era la mejor que podrían conseguir en ese lugar. No había vuelto a verlo desde esa mañana, desde que el joven llegó moribundo a Grimmauld Place con los primeros rayos de sol.
Ese día había sido caótico. Hermione abandonó la habitación de Draco a las seis de la mañana, dejándolo en compañía de Ojoloco y de Remus, para ser interrogado de manera urgente. Todos creyeron que, dado su rango de Sargento Negro, el joven mortífago tendría información importante sobre las filas del Señor Oscuro. Tanto sobre el ataque del Valle de Godric, como sobre la fuga de Azkaban, sobre los miembros que lo formaban, próximas misiones, prisioneros...
Hermione conocía el procedimiento de los interrogatorios de la Orden. No había habido muchos, dado que en contadas ocasiones habían logrado apresar a alguien del bando contrario con vida. De hecho, los últimos interrogatorios que recordaba fueron los de Higgs y Vaisey. Y estos hablaron de todo lo que pudieron por voluntad propia. De apenas nada, en realidad. Voldemort guardaba muy bien sus secretos, y se cuidaba de revelarlos a unos simples Soldados de Walpurgis. Además de la presencia de una innumerable cantidad de Encantamientos Fidelio para proteger información.
ESTÁS LEYENDO
Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
