Las predicciones que Ernie Macmillan había hecho en la clase de Herbología se cumplieron. El intenso frío que había acompañado durante toda la semana a los habitantes de Hogsmeade, y también a los del castillo, se había intensificado todavía más con la llegada del fin de semana, trayendo consigo una nueva nevada que cubrió los alrededores con un brillante y grueso manto blanco.
—¿A dónde vamos? —preguntó Ginny Weasley a voz en grito para que sus amigos lograsen oírla, sin bajarse la bufanda con la cual se cubría la boca.
Apenas habían salido del castillo se había desatado una fuerte tormenta de nieve que obligaba a todo el mundo a caminar inclinado para repeler, en la medida de lo posible, el viento helado. Y, ahora, Hermione, Luna, Neville y ella aguardaban en la entrada del pueblo, sin saber a dónde ir a causa del temporal. A su alrededor, compañeros de diferentes Casas los adelantaban en diversas direcciones, todos igualmente congelados. Algunos valientes se habían aventurado a abrir los paraguas, los cuales se bamboleaban ante el fuerte viento, ofreciendo escasa protección; y la mayoría de los jóvenes se había resignado a quedar igualmente empapados de nieve con o sin él.
—¡No lo sé! —exclamó Neville, tiritando, frotándose las manos enguantadas—. ¿A Las Tres Escobas?
—¡Estará lleno de parejitas enamoradas! —objetó Ginny, a quien se le adivinó una mueca de desdén bajo la bufanda—. San Valentín y esas cosas, ¿recordáis?
—Peor estará el Salón de té de Madame Pudipié —comentó Hermione con disgusto, con los brazos firmemente cruzados, en un vano intento de protegerse del frío—. Hoy no nos libraremos de eso...
—¿Vamos a la oficina de correos? —sugirió Luna, mirando hacia arriba para ver caer la nieve. Parecía inmune al fuerte viento, el cual alborotaba su largo y desaliñado cabello rubio—. Podemos ver las lechuzas durante un rato.
—¿Y si primero vamos a Honeydukes? —propuso Neville, con los dientes castañeando. Una ráfaga de viento amenazó con arrancarle el gorro de lana de la cabeza—. Nos pilla de camino y estaremos calentitos.
—¡Por mí, adjudicado! —exclamó Ginny, muerta de frío. El resto emitió un murmullo de asentimiento. La joven pelirroja fue la primera en echar a andar hacia allí, y los demás la siguieron casi a tientas.
A los pocos minutos lograron llegar a la estrecha tienda, abarrotada de gente que había tenido la misma idea que ellos. El olor a caramelo recién hecho flotaba en el aire, y el calor era verdaderamente agobiante en comparación al gélido temporal del exterior. Incluso costaba respirar. Se abrieron paso entre la multitud, quitándose algunas prendas como los gorros y bufandas, intentando regular su temperatura corporal. Después se dividieron para aproximarse a los estantes y comprar algún dulce o alguna golosina aprovechando que estaban allí. En la alegre y festiva tienda, reinaba un gran bullicio. La gente no dejaba de probar las muestras gratis de decenas de dulces de diferentes aspectos, sabores y efectos, por lo cual había personas que repentinamente tenían el pelo de color morado, otras que comenzaban a flotar casi hasta el techo, otras cuya voz se transformaba en el agudo chillido de una rata... Algunas de las golosinas de la tienda, las más especiales y caras, se encontraban en vitrinas de cristal que giraban, emitían luces o música, y se sumaban al alegre barullo.
Luna pronto se perdió entre el gentío en busca de unas ranas de gominola con sabor a pudin. Ginny y Neville se entretuvieron un rato examinando una bruja de plástico que sonreía con malicia y removía mágicamente un caldero lleno de chocolate que estaba en una urna de cristal. Hermione, por su parte, situada en otra esquina de la tienda, metía diferentes tipos de golosinas sin azúcar en una bolsa de papel. Ingerir alimentos poco dulces era una costumbre que había heredado de sus padres dentistas.
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Rosa y Espada
Storie d'amoreDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
