Seguir los pasos de una persona tan inmensa como Rubeus Hagrid no es precisamente fácil, y menos aún si tienes las piernas flacas y los tobillos delgaduchos como los que tenía Hermione Granger. Y se convierte en una tarea especialmente hercúlea, si además tienes los brazos cargados de pesados libros y una mochila llena a reventar colgada de un hombro. Pero la joven no se quejaba, y seguía al trote las amplias zancadas del guardabosque por aquel pasillo de la segunda planta.
La decoración del castillo era especialmente bonita esas Navidades, y Hermione lamentaba que tan pocos alumnos pudieran disfrutarlo. El techo de muchos de los pasillos estaba cubierto de finas y brillantes estalactitas, al igual que las barandillas de las escaleras, y alegres guirnaldas se enroscaban alrededor de las gruesas columnas de piedra. También habían colocado coronas hechas de ramas de abeto sobre los cascos de las armaduras, las cuales se frotaban la cabeza con incomodidad, y cuyas viseras se elevaban al resoplar con frustración. A pesar de que las vacaciones de navidad terminarían en pocos días, el ambiente navideño todavía flotaba en el aire.
—Pues yo creo que has sido muy noble, Hermione —comentó Hagrid cálidamente, mirándola de forma paternal mientras caminaban—. Ese patán no merece que alguien tan bondadoso como tú le ayude. No me gusta decir esto, pero Malfoy es un mal chico, un mal chico...
Hermione se limitó a forzar una sonrisa, sin decir nada, y continuó caminando al trote tratando de seguir el ritmo de su amigo. Acababa de contarle a Hagrid que, varios días atrás, el día de Navidad, había ido corriendo a buscar a Madame Pomfrey al encontrarse a Malfoy en mala forma en la Lechucería. La mujer había accedido a ir con ella hasta la torre y, una vez allí, había hecho levitar a un poco colaborativo Malfoy hasta la enfermería. Intuía que el joven había pasado allí varios días, pues no lo había visto desde entonces. Ni siquiera en el Gran Comedor.
Obviamente, tanto con Pomfrey como con Hagrid, Hermione se había ahorrado detalles como la conversación que mantuvieron antes de que el chico enfermase. No se sentía con fuerzas como para contárselo, ni siquiera a Hagrid, pues no estaba segura de que el semi-gigante la comprendería. Confiaba plenamente en él, pero intuía que su reacción sería muy parecida a la que Harry y Ron tendrían si se enterasen, de modo que se abstuvo a comentarle nada. No quería preocupar a ninguno de sus amigos.
Cuanta menos gente supiese los derroteros de sus encuentros con Malfoy, mejor.
—Malfoy siempre ha sido un chico saludable. Pero últimamente tenía mala cara, me he fijado en las comidas de... —siguió diciendo Hagrid, para verse interrumpido bruscamente por unos jadeos y unos pasos muy rápidos procedentes del pasillo contiguo. Al cabo de un segundo, Neville hizo acto de presencia, doblando la esquina con un derrape y deteniéndose trastabillando al ver a Hagrid y a Hermione. Éstos se sorprendieron al ver que estaba muy despeinado, con la ropa revuelta, varios gruesos libros en las manos y, también en las manos, su gran y desagradable planta Mimbulus Mimbletonia.
—¡Hermione! —jadeó Neville, cuyo rostro se iluminó al ver a la chica—. ¡No sabes cómo me alegro de verte!
—Hola, Neville... Antes te he estado buscando para ir juntos a la biblioteca, pero no te he encontrado, ¿de dónde vienes? —quiso saber ella, escrutándolo con la mirada, sorprendida.
—He estado en los invernaderos... Pero acabo de recordar que tenía que haber devuelto estos libros a la biblioteca antes de las vacaciones —gimió Neville, señalando los libros con la cabeza, totalmente desesperado—. Así que voy corriendo a hacerlo ahora.
—¿Hace cuánto? —se asombró Hagrid—. Madame Pince te matará, Neville...
—¡Ya lo sé! —balbuceó el joven, casi a punto de llorar. Sin previo aviso, se acercó a Hermione y le colocó la enorme maceta de la Mimbulus Mimbletonia en las manos—. Por favor, Hermione, cuídame mi Mimbulus Mimbletonia, no puedo correr con ella hasta la biblioteca...
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Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
