El silencio invadía el amplio y lujoso dormitorio. El segundero de un gran y antiguo reloj de pie era lo único que rompía la abrumadora quietud de la habitación. Minutos atrás, cuando aún no había anochecido, la luz se adentraba en la estancia entre las elegantes cortinas de terciopelo verde; pero, poco a poco, el sol se había ido ocultando y la habitación estaba ahora en penumbra. Iluminada por los tenues rayos de la luna.
Él ni siquiera se había dado cuenta de que la luz había desaparecido.
Draco Malfoy llevaba horas sentado en la orilla de su cama, sin moverse. Estaba vestido con lo que durante mucho tiempo había adorado y anhelado, pero que en aquel momento de creciente pánico no le parecía otra cosa que no fuese una simple túnica negra. Miraba fijamente la pared opuesta, sin verla, mientras el silencio le presionaba los tímpanos. Su corazón latía con tanta fuerza bajo sus costillas que creía que en cualquier momento lo vería rebotando fuera de su pecho. Llevaba horas así, y no paraba. No se ralentizaba. Notaba una sensación extraña en el estómago, que nunca antes había sentido. Era como si unas manos frías le retorciesen las tripas, casi provocándole náuseas. Y también le provocaba un sudor frío que le enfriaba la nuca.
Sus manos, para su propio asombro, entrelazadas sobre sus muslos, no temblaban.
El transcurso del tiempo estaba siendo una experiencia curiosa. El reloj avanzaba más deprisa de lo que a Draco le gustaría, pero, al mismo tiempo, el momento no llegaba. Necesitaba terminar con aquello. Librarse de esa agonía de una vez por todas. De la eterna espera. Miró el reloj de nuevo, girando el cuello con una extraña rigidez. Ya eran las doce menos veinte de la noche. Cerró los ojos y respiró lenta y sonoramente, intentando relajarse, aunque su pecho tembló por los nervios al inhalar aquel oxígeno. Respiró hondo otras tres veces, pero solo logró que las náuseas se trasladasen a su garganta. Tragó saliva con dificultad y agachó la cabeza, cubriendo su rostro entre sus gélidas manos, luchando por tranquilizarse. Diminutos puntitos blancos aparecieron en sus ojos cerrados.
«Vamos, Draco, tranquilízate, joder», se suplicó en su mente con severidad. «No seas crío... Llevas toda tu vida deseando esto y ahora por fin ha llegado el momento, así que tranquilízate... Tranquilo...»
Deslizó sus manos hacia arriba, recorriendo su frente, y las enredó en su rubio cabello. Estiró con fuerza intentando que su mente despertase y fuese capaz de volver a ser dueño de su cuerpo. De pronto sintió unas irrefrenables ganas de arrancarse el cabello, de tirar de él hasta lograr sacar toda la rabia que lo carcomía, todo el miedo y la impotencia que sentía y que odiaba sentir...
«Piensa en tu padre», le dijo la vocecita de su mente. «Piensa en lo que sentiría al saber lo que vas a hacer, piensa en cómo se sentirá cuando se entere...»
«Pero es demasiado pronto»,respondió él, desesperado, en su cabeza. «No estoy seguro de ser capaz. Y esto es para toda la vida...»
«Tu padre lo ha hecho. Es el camino a seguir, es tu destino. Tu padre estará orgulloso de ti»,añadió su conciencia. «Se sentirá orgulloso. Y esto es lo que siempre has querido... Ya eres adulto. Ahora ha llegado el momento, ha llegado tu turno de formar parte de esto, de ser parte de la solución...»
«¿Pero, y si el Señor Oscuro descubre que...?»
Granger. Granger flotaba en su subconsciente. Llevaba días flotando en los recovecos de su mente. Y posiblemente ella era la razón del acelerado latir de su asustado corazón. La conversación en el invernadero, sus besos, su encuentro en el Gran Comedor el último día...
Estaba muerto. Si el Señor Oscuro decidía revisar su mente, si accedía a sus recuerdos, si veía todo aquello... ¿Utilizaría la Legeremancia para asegurarse de que era un mortífago ejemplar? ¿Que no había traicionado a su sangre de ninguna manera? Si lo hacía, estaba muerto. No era un mortífago ejemplar. No lo era.
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Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
