—¡Eh, Neville! ¡Neville! ¡Espera! —llamó Ron, atravesando a la carrera un grupo bastante concurrido de chicas para poder interponerse en el camino de su compañero de curso. Las chicas dejaron escapar algunas risotadas, cuya agudeza aumentó cuando Harry atravesó el grupo tras su amigo, disculpándose con una cohibida sonrisa por las molestias.
Neville se detuvo ante Ron, en medio del Vestíbulo, provocando que algunas personas que caminaban a su alrededor tuvieran que rodearlo.
—Hola... —saludó el todavía adormilado muchacho.
—Oye, ¿has visto a Hermione? —cuestionó Ron al instante, con el ceño fruncido de preocupación—. No ha venido a desayunar...
Harry y él estaban casi taquicárdicos. Habían estado un buen rato en la Sala Común esperando a que su amiga bajase de la habitación para unirse a ellos, sin resultados. Extrañados al no verla aparecer, supusieron que ya habría bajado al Gran Comedor, pero tampoco la encontraron allí. Preguntaron a Ginny, la cual ya estaba allí desayunando con una amiga, pero tampoco la había visto. Sin saber muy bien qué hacer, se sentaron a la mesa, intranquilos por la insólita ausencia de su amiga. Esperando verla aparecer, sin éxito. Normalmente, después de desayunar irían derechos a su primera clase del día, que era Transformaciones, pero decidieron desayunar a toda velocidad y antes dedicar un rato a buscar a su amiga. Con la sombría sensación de que le había sucedido algo malo.
Nada más salir del Gran Comedor, se encontraron con Neville, el cual no cursaba Transformaciones con ellos y tenía ahora una hora libre.
—Sí, está en la biblioteca —respondió éste, curiosamente incómodo—. He pasado por allí antes de desayunar para dejar un libro y la he visto. Me he acercado a saludarla, pero me ha hecho un gesto como si... —imitó el lanzamiento de un objeto con la mano—, así que he supuesto que estaba muy ocupada y la he dejado tranquila.
Harry y Ron se miraron, confusos.
—¿Qué hace en la biblioteca a estas horas? —se alarmó Ron, sacudiendo la cabeza con incredulidad. Neville se encogió de hombros, vacilante.
—Estudiar, creo. Tenía muchos libros en la mesa. Y estaba escribiendo una especie de redacción...
—Vale... Gracias, Neville —musitó Harry, dándole una palmada en el hombro a su amigo antes de recolocarse la mochila al hombro y casi correr junto a Ron en dirección a la biblioteca.
Nada más entrar en la enorme estancia, casi vacía al ser una hora tan temprana, descubrieron que su amiga estaba sentada sola en una mesa cerca de la entrada. Estaba, tal y como Neville había indicado, rodeada de libros, y escribía a toda velocidad en un rollo de pergamino.
—Hermione, ¿qué estás haciendo? —fue el saludo de Ron, cuando llegaron a su lado. La chica no elevó la mirada, ni dejó de escribir, al escuchar su voz—. Vaya susto nos has dado. No has venido a desayunar...
—Terminando un trabajo —repuso ella, escueta, sin perder la concentración. Ya estaba vestida con el uniforme reglamentario para las clases, y su cabello lucía algo revuelto. Como si hubiese salido corriendo de la habitación, sin perder el tiempo en peinarse. Su rostro estaba tenso, y sus ojos parecían cansados. No daba la impresión de que hubiese dormido demasiado.
—Pero estos libros son de Transformaciones... —musitó Harry, extrañado, echando un rápido vistazo al contenido de la mesa.
—Ya, porque es el trabajo de Transformaciones —dijo, lacónica, con ligera impaciencia.
—¿Qué trabajo? —farfulló Ron, incrédulo—. ¿El que tenemos que entregar ahora mismo? —Hermione tragó saliva y se limitó a asentir secamente. Ron miró a Harry fugazmente y después volvió a mirar a su amiga, patidifuso—. ¿Cómo puedes haberlo dejado para el último momento?
ESTÁS LEYENDO
Rosa y Espada
CintaDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
