La clase de Transformaciones de esa mañana estaba siendo inusualmente animada. Los alumnos se encontraban practicando uno de los hechizos de transfiguración más complicados del libro Transformación, nivel avanzado. En cursos pasados, habían transformado un ser inanimado en otro inanimado, convirtiendo así cerillas en alfileres, por ejemplo, y también seres animados en otros animados, convirtiendo mariposas en avispas. Una clase definitivamente memorable. En su último año escolar, estaban practicando el nivel más avanzado, que consistía en transformar un ser animado en uno inanimado y viceversa. Debían convertir una roca de tamaño medio en un cachorro de perro labrador, y después devolverlo a su forma original. Más de un alumno se estaba desesperando al no lograrlo, o, por el contrario, al lograrlo, pues los perros eran del todo reales y no tardaban en escaparse, ladrando sin descanso, para corretear por todo el aula. Y para jugar con los otros perros. La clase era un hervidero de aullidos, ladridos y gritos de socorro.
Ron, sentado junto a Harry, había logrado transformar su piedra en un bonito cachorro de color pardo, pero ahora se encontraba más ocupado tratando de que el perro no saltase de la mesa que en transformarlo de nuevo. Harry, por su parte, había logrado convertir su roca en perro, y de nuevo en roca, pero ahora no lograba que el hechizo funcionase de nuevo, y se había pasado varios minutos murmurando sin descanso el hechizo contra el inmóvil pedrusco. Hermione, sentada al otro lado de Harry, y como no podía ser de otra manera, había trasformado su roca en perro y viceversa varias veces. Pero ahora llevaba un buen rato sin moverse.
Tenía la varita sujeta en la mano, y apuntaba con ella a su correspondiente roca, pero sus ojos estaban desviados hacia la parte derecha del aula, clavados en el único asiento vacío que había allí. Hermione bajó la mirada, perdida en sus pensamientos. Desde el día del insólito abrazo de Malfoy, y el posterior beso apasionado, y más concretamente desde la conversación que mantuvo con Nott, había tomado el firme propósito de huir de él. Quizá no fuese una decisión muy valiente, pero no veía otra salida. Si no estaban solos en ninguna parte, no había riesgo de verse a merced de aquellos estúpidos sentimientos que los hacían cometer actos indecorosos. Se les pasaría pronto. Todo. Solo era cuestión de tiempo. Y de distancia. A esa lógica conclusión llegó Hermione, con relativa facilidad. Realmente no era tan complicado saber lo que había que hacer. Si quería detener los sentimientos que se habían apoderado de ella, la atracción que sentía por aquel muchacho, solo tenía que alejarse de él lo antes posible. Al menos hasta que todo volviese a la normalidad. Aunque era más fácil planearlo que cumplirlo.
Había hecho hasta lo impensable desde entonces para no encontrarse a solas con él en ninguna parte, aunque tampoco había sido necesario demasiado esfuerzo por su parte. No había llegado a estar siquiera cerca de Malfoy en ninguna de las clases que compartían, ni tampoco en el Gran Comedor, situadas sus respectivas mesas en lugares opuestos de la estancia, o en ningún lugar del castillo en su tiempo libre. En la clase anterior no habían coincidido con los Slytherins, pero sí en esa. Y no estaba. Al darse cuenta de ello, cuando sus ojos traicioneros escrutaron la zona en la que los Slytherins estaban sentados, fue incapaz de evitar encontrar extraña su ausencia. Incluso llegó a preguntarse si habría ocurrido algo malo. Entonces pensó con resignación que seguramente estaría en algún lugar haciendo el gamberro con sus colegas. Metiéndose con algún alumno de primer o segundo año o ensuciando alguna propiedad del colegio. Lo cual la llenó de frustración y rabia. Era incorregible. Se dijo que debería hablar con él después, dejarle claro que no podía seguir comportándose como si fuese un crío de once años, y que debería...
«No. Hermione, no, maldita sea. No tienes que recriminarle nada. No eres su madre, ni tampoco su amiga», se dijo la chica, profundamente furibunda consigo misma. «Estás intentando olvidarte de que existe, ¿recuerdas? Así que no tienes nada que hablar con él, nada en absoluto...»
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Rosa y Espada
Roman d'amourDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
