Cuando Hermione llegó a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras la mañana del miércoles, vio que varias personas se le habían adelantado, aunque afortunadamente Snape no era una de ellas.
Harry y Ron ya estaban sentados en sus sitios, charlando con Seamus y Dean, los cuales estaban sentados justo enfrente. Hermione sintió cómo la tristeza y la pesadez contra las que llevaba días luchando se reavivaban ligeramente. El hecho de no llegar a clase en compañía de sus amigos, sino en solitario, deprimía su estado de ánimo sin poder remediarlo. Los echaba de menos. Muchísimo. Pero la forma en que la habían tratado con el asunto de Theodore Nott todavía escocía en su interior, y se negaba a ser ella quien diese el primer paso. Se dirigió en silencio al sitio que compartía con ellos, inmediatamente junto a Harry, y descargó su pesada mochila sobre la mesa. Harry giró el rostro para mirarla al oír el ruido de la mochila y le dirigió una casi imperceptible sonrisa a modo de saludo, que ella no fue capaz de corresponder. No levantó la mirada de su mochila, comenzando a sacar sus pertenencias. Aún seguía dolida, a pesar de que ese amable gesto era ciertamente reconfortante. Pero no suficiente. Y el hecho de que Ron la hubiese ignorado completamente no ayudó a que su disgusto disminuyese.
—¡Mirad quién está aquí! —canturreó de pronto una voz aflautada, por encima de las conversaciones en forma de murmullos de los alumnos.
Hermione giró el cuello hacia la izquierda ante la repentina exclamación, y comprobó que las burlonas palabras provenían de Pansy Parkinson, y que indudablemente se dirigían a ella. La Slytherin estaba sentada con las piernas cruzadas encima de la mesa que ocupaba Malfoy, mirando indudablemente en su dirección. Pestañeaba coquetamente, sin duda con algo malicioso a punto de escapar de sus labios. Draco estaba sentado de espaldas a Hermione, con los brazos cruzados sobre el espacio que Pansy dejaba libre sobre su mesa, y no se molestó en girarse para mirarla. Apenas movió el rostro lo suficiente como para verla de refilón por encima de su hombro. Crabbe y Goyle, sentados justo detrás de ellos, contemplaban a la morena con expectación en sus grandes y bastos rostros. Ellos cuatro eran los únicos Slytherins presentes todavía.
—No creía que fueras a venir a clase, Granger —continuó Parkinson, al parecer muy satisfecha de sí misma—. Creía que estarías dándote un baño para quitarte de una vez el olor a libro viejo... Pasarse tantas horas metida en la biblioteca tiene sus consecuencias, ¿sabes?
Crabbe y Goyle rieron roncamente, como si fuese lo más gracioso que hubieran oído jamás. Los ojos de Malfoy lanzaron destellos plateados de satisfacción. Y Hermione se sintió ruborizar, a su pesar. Era cierto que últimamente pasaba más tiempo que nunca en la biblioteca dado que, al no hablarse ni con Harry ni con Ron, la Sala Común había dejado de ser un lugar cómodo para ella. Y no se sentía con ganas de buscar otros lugares divertidos que frecuentar en solitario. La biblioteca siempre había sido un santuario al cual acudir, y estudiar la mantenía agradablemente entretenida. Pero definitivamente no olía a libro viejo.
—Vaya, no tenía ni idea de que tú supieras cómo huele un libro, Parkinson. Es toda una sorpresa —replicó Hermione, elevando la barbilla. Ahora fue el turno de la morena de ruborizarse y de resoplar con su nariz chata. Goyle soltó una risotada que fue recibida por un golpe en la cabeza de Crabbe.
Las comisuras de los labios de Draco temblaron durante un imperceptible instante, ocultando una traicionera sonrisa. Granger era una estúpida sangre sucia que no tenía ningún derecho a responderle así a Pansy, la cual estaba muy por encima de ella dado su estatus de sangre sin una gota de impureza; pero debía reconocer que la sabelotodo sabía defenderse muy bien. Siempre se lo había demostrado, pero nunca terminaba de sorprenderle. Draco desvió sus ojos claros hacia Pansy, queriendo ver si su amiga estaba a la altura y conseguía devolverle a Granger la ofensa.
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Rosa y Espada
Storie d'AmoreDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
