Lo primero que hizo Draco cuando cruzó las puertas dobles que conducían al Gran Comedor, fue echar un rápido pero astuto vistazo a la mesa de la Casa Slytherin. Sus grises ojos recorrieron la larga superficie, sin dejar de caminar, escudriñando los rostros de sus compañeros mientras comían ávidamente. Buscaba a alguien en concreto. Mientras avanzaba ya a lo largo de la enorme mesa, captó a Nott, sentado cerca de la zona central. El muchacho se encontraba comiendo sopa de verduras en soledad, con un libro apoyado sobre la fuente de patatas que tenía delante, a modo de entretenimiento.
Al pasar a su lado, Draco le regaló un sutil pero firme golpe en la espalda con la palma de la mano. Nott se estremeció de sorpresa, arrancado súbitamente de su lectura, y giró el rostro a tiempo de ver alejarse la espalda de su amigo. Draco no se había detenido, y continuaba avanzando por la mesa. Quizá en otra situación se hubiera sentado con Nott, a pesar de que normalmente en público procuraba sentarse con los del equipo de Quidditch u otra gente más influyente. Pero ese día en particular no podía ni planteárselo. Tenía otros planes en mente.
Finalmente, sus agudos ojos visualizaron su objetivo. Zabini se encontraba comiendo costillas en salsa, afortunadamente también en soledad, sentado en el mismo lado de la mesa junto al cual él caminaba. Draco se cuidó de no acelerar el paso, y fingir que había aprovechado encontrarse con su amigo para sentarse allí a comer. Se detuvo a su lado y se sentó con parsimonia en el banco, abriéndose paso con poca delicadeza entre su compañero de habitación y el joven que se encontraba a su lado comiendo. Éste se vio obligado a alejarse levemente, dejándole sitio, pero no se le ocurrió replicar. No a Draco Malfoy.
—¿Qué hay? —saludó Draco con tono despreocupado, cogiendo una jarra con zumo de calabaza y sirviéndose un poco en la copa que había aparecido mágicamente ante él, al igual que un plato y unos cubiertos. Zabini, ocupado en pinchar con el tenedor un trozo de la tierna costilla, y en llevárselo a la boca sin que la salsa gotease, ni lo miró.
—Buenas —devolvió el saludo, justo antes de meterse el trozo de carne en la boca.
—¿Estás solo? ¿Y los demás? —cuestionó Draco con ligereza, para después llevarse la copa a los labios. Tenía la garganta seca.
—Las chicas están ahí —informó Zabini, mientras masticaba, señalando con el pulgar unos puestos más allá, a la zona más cercana a los profesores. Draco descubrió entonces a Pansy y a Daphne, sentadas juntas, comiendo a la vez que charlaban realizando grandes aspavientos. Le pareció escuchar la sonora risa de Pansy por encima de las conversaciones que lo rodeaban—. Y los del equipo no comen hoy, no sé qué andan haciendo.
Draco compuso una mueca de indiferencia, manteniendo la altivez de su rostro.
—Entrenar no, desde luego, me habrían avisado. Habrán traído algo de Hogsmeade, de la última excursión. Algo no demasiado legal —dejó escapar una media sonrisa—. Mientras no se pasen con el Whisky de Fuego como la última vez... Fue penoso. Tuvieron que llevarse a Bletchley a la Enfermería.
Blaise sonrió también con diversión, llevándose otro bocado de carne a la boca.
—Lo recuerdo —admitió, masticando con elegancia, mirando al frente como si evocara el momento—. Vaya panda de imbéciles.
—Lo sé —corroboró Draco con suficiencia. Se humedeció los labios, y añadió, con el tono más despreocupado que pudo reunir—: Hablando de imbéciles, ¿has visto a Crabbe y Goyle?
Los ojos de Draco se clavaron en el perfil de su compañero, atento a cualquier gesto ante la mención de los muchachos. Zabini no se alteró lo más mínimo, aunque Draco apreció que comenzaba a masticar con más lentitud. Eso hizo que la saliva se sintiese más espesa en su boca.
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Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
