La calle Grimmauld Place se encontraba desierta y silenciosa esa madrugada. Una única cosa perturbó la tranquilidad de la noche, y fue la súbita y muda aparición de una oscura silueta en la acera, frente a los edificios once y trece. Apenas la encapuchada figura puso los pies en el pavimento, dichos edificios temblaron y se apresuraron a apartarse pesadamente, casi con desgana. La persona avanzó, caminando con ágiles pasos, y, para cuando dejó atrás la acera, el número doce había quedado a la vista por completo. Ante ella se habían revelado un conjunto de desgastados escalones que se apresuró a subir. Una aldaba plateada con forma de serpiente retorcida era la única decoración de la maltratada puerta principal. No había manilla ni nada por el estilo.
La figura agitó su varita en un mecánico gesto cuando llegó ante la puerta, la cual se abrió al instante, como si la invitase a entrar. Una vez dentro del largo y estrecho vestíbulo, Hermione Granger se quitó por fin la capucha. Sus ojos se desviaron hacia un viejo reloj situado en un anticuado aparador que decoraba la pared de su derecha. Eran las tres de la madrugada.
Suspiró y se quitó la túnica, dejándola doblada sobre su antebrazo. También se deshizo de la Máscara del Fénix que llevaba en el rostro. Esa noche había resultado bastante cálida y estaba deseando quitarse ambas cosas. Echó a andar lentamente hacia el interior de la casa, con cuidado de no tropezar con el paragüero hecho con una pierna cortada de trol, para no despertar bajo ningún concepto el cuadro de Walburga Black. Las cortinas que lo ocultaban estaban pacíficamente cerradas, y era mejor que siguiesen así.
El silencio era casi absoluto, lo cual era de esperar. Era una hora muy tardía. Sabía que muchos de sus compañeros habían salido, igual que ella, y los que estuviesen allí seguramente estarían intentando dormir. Menos los correspondientes al ala del hospital, en el tercer piso, que hacían turnos para estar siempre despiertos.
Por eso se sorprendió cuando vio una sombra pequeña moverse en las escaleras que conducían al piso superior. Sintió un ligero sobresalto apoderarse de ella, pero no tardó en descubrir lo que era. O quién era.
—Buenas noches, Kreacher —saludó Hermione con educación, en voz baja.
El pequeño elfo doméstico se giró al escuchar su nombre. Sus ojos inyectados en sangre se posaron en la joven, pero no por mucho tiempo. No tardó en apartar la mirada y bufar por su nariz bulbosa. Ahora fingiendo que no la había visto.
—La sangre sucia estúpida ha regresado. Y le habla a Kreacher. Siempre le habla a Kreacher, pero él la ignora —masculló con su ronca voz, como si ella no pudiera escucharlo. Siguió limpiando con un plumero las cabezas de sus antepasados elfos, encogidas y sujetas en placas a lo largo de la pared de la escalera—. ¡Ah! Kreacher tiene la esperanza de que, cada vez que se va, no regrese. Pero aquí está de nuevo. Kreacher finge que no la ve. Si Kreacher no la ve, quizá se vaya...
—Yo también me alegro de verte —masculló Hermione, con desgana. Ya con un pie en la escalera.
—La sangre sucia sigue hablando a Kreacher. Pero éste no la escucha, no señor. No debería pisar esta casa. Pero el ahijado del holgazán del amo Sirius la trae aquí... ¡Ay, mi pobre ama! Si levantase la cabeza...
Hermione se dispuso a intentar rodear a Kreacher y subir por las escaleras, pero entonces escuchó unas pisadas amortiguadas que venían de la escalera que conducía a la cocina subterránea. Hermione se detuvo, dispuesta a saludar a quien quiera que estuviese despierto.
Una adormilada Fleur Delacour apareció por el umbral casi deslizándose. La joven francesa estaba vestida con un fino camisón que resaltaba su esbelta figura. Su rubio cabello, casi plateado, parecía tener siempre la misma atractiva largura, cayendo sedosamente hasta su cintura. Toda ella parecía emitir un intrigante resplandor plateado, incluso en la penumbra del vestíbulo. Sus bellos ojos azules miraron a Hermione con afecto al reconocerla, y su boca de blancos dientes sonrió junto a ellos.
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Rosa y Espada
RomanceDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
