—¿Se escribe "Aguamenti" o "Aquamenti"? —preguntó Ron en voz alta, después de contemplar durante varios segundos su pergamino. Se frotaba el cabello con su pluma—. Lo he puesto con "g", pero ahora me suena raro...
—Aguamenti —respondió Hermione inmediatamente, sin dejar de escribir con una rapidez pasmosa, sentada en la butaca de al lado. Su pergamino, colgando del borde del reposabrazos del sillón, ya llegaba al suelo.
—Gracias —Ron se apresuró a escribirlo, aliviado—. Por fin... —levantó la mirada de su redacción, orgulloso del resultado, y observó a su amiga con una sonrisa. La cual flaqueó al instante al ver la diferencia de extensión entre los dos pergaminos. Contempló a la chica escribir sin pausa durante un breve momento y después volvió a mirar su trabajo. Alzó la vista por segunda vez para mirarla a ella—. Hermione... —llamó suavemente.
—¿Hum? —contestó ésta, sin levantar la nariz del libro que tenía sobre las piernas y que estaba consultando.
—¿Me puedes recordar cuál es la tarea de Encantamientos que estamos haciendo?
—Explicar con detalle al menos cinco encantamientos relacionados con los elementos —recitó Hermione con voz monocorde.
—Ya —corroboró Ron, volviendo a mirar su pergamino otra vez y después mirando el de ella—. ¿Entonces me puedes explicar por qué mi pergamino —echó un rápido vistazo a la redacción de Harry que estaba sentado en la butaca de al lado—, y el de Harry, son la mitad de largos que el tuyo? ¿Qué cuernos estás escribiendo?
—Cinco encantamientos relacionados con los elementos —repitió Hermione, sin darle importancia y sin descuidar su tarea.
—¡De eso nada! Yo ahí veo escritos por lo menos ocho —replicó el pelirrojo, tras un rápido vistazo superficial al pergamino de la joven.
—Ahí tienes tu respuesta a por qué mi pergamino es más largo —dijo ella, sarcástica—. El profesor Flitwick dijo por lo menos cinco. No hago daño a nadie si quiero hacer ocho.
—Nos haces daño a nosotros —gruñó Ron, apartando la vista del pergamino de la chica y recostándose en su butaca—. Primero leerá tu redacción y dirá "Anda, mira Granger qué trabajo se ha tomado" y luego leerá la mía y dirá "Weasley debería dedicarse a alimentar al calamar gigante". Nos haces quedar mal. Eres una egoísta.
—¿Yo soy egoísta? —repitió Hermione, con una risotada—. Nadie te impide hacer ocho a ti también.
—Ron, no intentes disuadir a Hermione de que no se esfuerce lo más que pueda—intervino Ginny pesadamente, sentada frente a la chimenea encendida, jugueteando con Crookshanks y Arnold, su Micropuff. Ella ya había terminado todas sus tareas—. No lo conseguirás.
—Ajá —corroboró Harry simplemente, demasiado acostumbrado a las pequeñas discusiones de sus amigos como para darles importancia.
El pelirrojo resopló por la nariz y contempló su pergamino, digno de su orgullo hacía pocos minutos, con abatimiento. Ahora le parecía una porquería.
Un dúo de risitas agudas llegó a oídos de los chicos, los cuales alzaron la mirada instintivamente. Todos menos Hermione, que no se distrajo tan fácilmente de sus deberes. Crookshanks hizo un peligroso intento de cazar a Arnold, el cual huyó despavorido y se metió debajo de uno de los sillones, el que Harry ocupaba. Ginny acudió en su auxilio.
Parvati y Lavender, firmemente cogidas del brazo y susurrándose cosas en voz baja, acababan de bajar las escaleras de los dormitorios y se acercaban indudablemente directas a ellos.
—Aquí llegan las gallináceas —se lamentó Ginny en un susurro, todavía agachada en la parte baja del sillón, buscando a Arnold. Harry se tapó la cara con el pergamino para que no le vieran reírse.
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Rosa y Espada
RomantikDraco Malfoy, ante la prolongada ausencia de la profesora de Runas Antiguas, se dedica a revolucionar la clase a sus anchas con ayuda de sus colegas, impidiendo estudiar. Hermione Granger, alumna responsable y aplicada, no piensa quedarse de brazos...
