siete

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Estaba en las nubes, no podía creer que Alana estuviera besándome en estos momentos, era mejor de lo que alguna ves pude haberme imaginado.

Sus suaves labios buscaban desesperadamente más contacto, era tanto que no podía mantenerle el ritmo, estaba en shock.

—Alana, alana...—alcance a decir cuándo se separó un poco para tomar aire.

Pero ella no hacía caso, en lugar de responder simplemente me tomó de la nuca y pegó su rostro al mío y se lanzó a mis labios nuevamente con fuerza.

—Alana, no podemos hacer esto.—volví a decir entre jadeos cuando lograba separarme un poco de ella.

—te...te necesito.—respondió con su preciosa voz agitada.

Yo quería detenerme, juro por Dios que lo quería, pero ella era simplemente mi debilidad.

El dulce sabor de sus labios, el dolor a rosas de su cuerpo, y la suavidad de sus manos contra mi nuca estaba volviéndome loco y cegándome completamente de lujuria.

Pero no fue hasta que Alana se paro de la cama y se puso sobre mi que todo en mi mente quedó en blanco, fue como si una llama se encendiera dentro de mi y entonces todo dejo de importar.

Mis manos se movieron rápidamente hacia su cintura la cual sin esperar mucho pasaron dentro de la camisa hasta lograr acariciar su tibia piel.

De pronto sus caderas comenzaron a balancearse hacia atrás y hacia adelante sobre mi pelvis provocando que las cosas comenzaran a despertar.

El aire comenzó a faltarnos nuevamente, poco a poco comencé a tomar distancia de su rostro para poder respirar, pero antes de lograrlo sus dientes atraparon mi labio inferior tirando de el y no pude evitar gemir de dolor y placer.

Y me volví loco.

Violentamente tome a la orilla de la camisa y tire de ella hacia arriba dejando a mi cuñada encima de mi semidesnuda.

Mis ojos se abrieron para poder apreciar su hermoso cuerpo, y casi alcanzo mi punto máximo al mirar la imagen que tenía frente a mi.

Su blanca piel que resaltaba sobre su ropa interior negra me tenía anonadado. Sus lentos movimientos, sus ojos cerrados y sus gestos de placer fueron algo que estaba seguro que jamás olvidaría.

Si esto era un error y pasaría sólo una vez, lo aprovecharía al máximo. Y si esto era un sueño, no quería despertar jamás.

Así que sin perder más tiempo quite mi propia playera también y volví a pegarme a ella para sentir el roce de nuestros torsos desnudos.

La agarre del cuello con una mano y la jale hacia mi ocasionando que su cuerpo cayera encima del mío mientras que con mi otra mano libre viaje desde su cintura hasta sus nalgas las cuales comencé a acariciar con suavidad apretando de vez en cuando.

A su vez, sus labios rápidamente buscaron los míos y la batalla comenzó de nuevo.

Su boca entreabierta pegada a la mía, el roce de nuestras lenguas, las mordidas y los jadeos ahogados fueron suficientes para hacerme llegar a mi límite.

En un rápido movimiento la tome con fuerza y la giré haciendo que ahora ella estuviera acostada en la cama y yo encima de ella cuidando no dejar caer todo mi peso.

Poco a poco sus ojos comenzaron a abrirse, nos miramos fijamente por lo que parecieron horas, buscando alguna señal de arrepentimiento entre estos, pero no había nada más que un brillo espectacular, un color intenso oscuro y mucho deseo en ellos.

Sus manos pasaron ahora por mi espalda a la vez que ella arqueaba la suya para tener contacto físico con mi cuerpo.

Decidí no torturarla más y desabroche mi pantalón bajándolos por mis piernas dejándonos en las mismas condiciones, semi desnudos y con un deseo incontrolable sobre el otro.

La luz de la luna era lo único que alumbraba esta oscura habitación, y por más que quería hundirme en ella y terminar con este punzante dolor, decidí tomarme mi tiempo acariciando y admirando cada parte de su cuerpo.

Primero tome tobillos y recorrí con las dos manos la suave piel de su cuerpo, observando detalladamente cada marca, cada lunar, cada cicatriz.

Subí hasta sus blancos muslos los cuales acaricié en repetidas ocasiones, pase luego mis manos a su trasero el cual volví a acariciar mientras que ella simplemente jadeaba y se retorcía bajo mis brazos.

Mis ojos se detuvieron su su suave carne, pero entonces aquellas manchas volvieron a aparecer en mi campo visual, ahora dándome la oportunidad de analizarlas a profundidad.

Entre más las veía, más me daba cuenta que estaba en lo correcto.

Entonces mi intención pasó de admirar su cuerpo desnudo a buscar más de aquellos moretones.

Y los encontré.

La calentura bajo de golpe en mi cuerpo, y mi mente llena de deseo de convirtió en pura preocupación.

Con mis dedos comencé a trazar suavemente las manchas, algunas parecían viejas, casi sanas por completo mientras que otras brillaban con un fuerte color rojizo y morado.

Los había por todos lados.

Al lado de sus muslos, en el inicio de su vientre, el el valle de sus senos.

Poco a poco mi tacto se volvía más suave y Alana se percató de eso, pues abrió los ojos encontrándose con mi rostro lleno de preocupación.

Rápidamente ella intentó cubrir su cuerpo con sus manos mientras que sus ojos se cristalizaron frente a mi.

Pero fue demasiado tarde, lo había visto todo.

Mire entonces por fin su carita asustada, las lágrimas amenazaban con salir y de mi boca salió lo único coherente que se me ocurrió.

—¿Que te hizo, ni niña?.— y como si hubiera abierto una llave las lágrimas salieron al igual que sus sollozos.

Mi corazón se partió al verla así y una vez más la estreche entre mis brazos permitiéndola llorar sobre mi pecho.

Mis ojos también se aguadaron ante la idea de que mi hermano, mi propia sangre pudiera hacerle eso a la que según el era el amor de su vida.

Una mezcla de coraje, tristeza e impotencia me lleno y solo podía pensar una cosa.

Ella sería mía, sin importar lo que cueste.

no fornicaron :)

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no fornicaron :)

Ella y yoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora