Al salir del cuarto de la enfermería me detuve abriendo mi boca de nuevo y mis ojos se iluminaron al ver tal pasillo. Las ventanas ocupaban todo el espacio de la pared dando a vista el paisaje, los tonos del lugar eran grises, azules, plateados, dando un juego con el ambiente. Los candelabros del techo hacían de una pequeña melodía cuando el conserje se dedicaba a limpiarlos para que estén relucientes como todo lo demás. Yo me acerque lentamente a la ventana de gran tamaño para ver que no fuera una imagen pegada, pero...no, no lo era.
Estábamos rodeados de muchas montañas de un color verde vivo, los picos blancos por la nieve que tenía encima y como el sol la iluminaba haciendo que parezcan pequeñas estrellas de luz, al fondo se podía ver un valle, pude ver como muchas aves volaban alrededor dando sus cantos de la madrugada.
Me aparte cuando una parte de cristal se movía un lado, dándome la entrada a la zona de aire libre que tenían en este piso, me abracé a mi misma al sentir el aire fresco dándome un pequeño golpe, ahora entiendo porque la ropa de invierno, un patio donde parecía haber una pequeña cafetería con mesas, algunos chicos que parecían de mi edad se encontraban ahí sentados platicando entre sí con ropas blancas dando entender que eran pacientes de la enfermería.
—No debes dejarte tocar por Neith, es muy sencillo la técnica, no logro comprender como has perdido contra ella —dijo un hombre mirando al parecer a su amigo y le dio un sorbo a su taza de café.
—Puede que tu puedas esquivar sus toques, pero al usar mi don me hace lento, debo averiguar una manera de usarlo sin perder mi velocidad, pero al menos yo no perdí por un solo golpe —dijo su amigo con una sonrisa de burla y el otro pareció molestarle.
—Me da lastima que seas inculto para no comprender la fuerza de ese solo golpe de Julio.
—Entonces te doy el mismo consejo que me has dado amigo mío —dijo el otro en pocas risas burlándose de su amigo mientras que él soltó un leve gruñido pegando el borde de su taza a sus labios.
Uno de los chicos volteo a verme, yo le regale una corta sonrisa como educación, pero él casi escupía su café al tener su mirada en mi.
—Pero que asqueroso Will...
Su amigo nervioso con su mirada me señaló, el otro amigo me volteo a ver con el ceño fruncido, yo como él estaba completamente confundida por la reacción de su amigo, pero este también casi tuvo la misma reacción al casi tirar de su café al suelo.
—Gemma, te di la indicación que me siguieras —dijo la doctora Pin con poco regaño tomándome de los hombros.
—Yo...lo siento, estaba viendo el paisaje —dije volteando a verla manteniendo una sonrisa inocente.
—Vámonos de aquí, es ridículo que uno no pueda tomar su desayuno tranquilo —dijo al parecer Will con algo de enfado dirigiéndose a otra salida de la pequeña cafetería mirándome con algo de disgusto.
—Pensaba que iban a mantenerla alejada de nosotros —dijo el otro hombre con enfado siguiendo los pasos de su amigo.
El lugar ahora estaba vacío y al parecer por culpa mía, yo me rasque la cabeza confundida sin saber el crimen que había cometido para que los dos se hubieran ido, mire a la doctora Pin que me miro con algo de lástima.
—¿Hice...algo malo?
Ella me dio una corta sonrisa fingida.
—No eres tú Gemma, es por... —guardó silencio de nuevo subiendo su mirada al cielo desesperada— El director te lo explicara.
Yo me quedé tan perpleja viendo el paisaje como si fuera la única manera de calmar mi cabeza a todo el caos de preguntas que había dentro de ella.
—No estamos en Nueva York —dije aclarándolo y la doctora Pin me negó con la cabeza —No...estamos en Estados Unidos —de nuevo me negó con la cabeza y me giré para verla directo a sus ojos— ¿En dónde estamos exactamente?
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POTESTAD
FantasíaSe dice que los más afortunados padecen el síndrome de Alejandría, pero Gemma fue una excepción. Unos ojos morados no hicieron que su padre estuviera presente en su vida, ni le apareció dinero para escapar de la pobreza o le dio la cura de la grave...
