Capítulo 45

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La playa se abría paso y el viento revolvía mi cabello a su antojo, el lugar era un paraíso, pero el clima no estaba en sus mejores días.

Miré las olas por algún tiempo hasta que una voz me sacó de mi burbuja.

-¿Vienes siempre aquí?.-

Giré a verle la cara, sabiendo de quién se trataba.

-No, solo cuando quiero estar sola.-

Me sentía de mal humor y verlo allí no me alegro.

-Wow, ¿estás en tus días?.-

-Te conoces todas las frases machistas,¿verdad?.-

-Intento memorizarlas pero alguna que otra se me escapa.-

Revoleé los ojos.

-¿Por qué no me sorprende?.-

-Sabes, me he quedado pensando en tu nombre.-

Giré a verlo de frente, adelantando mi enfado a lo que fuera que estuviera a punto de decir.

-Ah, ¿si?.-

-Si, es un color.-

-¿En serio? no lo había notado.-

-Te lo juro. Acaso tus padres miraron alrededor...-

-...Cuando naciste y así eligieron tu nombre?. Ese chiste ya lo has hecho.-

Lo miré con cara de pocos amigos y él lucía desconcertado.

-Se me acaba de ocurrir.-

Algo se acomodó en mi mente y me sentí extraña, como si una pequeña cinta de la cual tirar hubiera aparecido.

-Espera...-

Lo miré a los ojos y algunas imágenes cruzaron mi cerebro, fueron dos o tres pero alcanzó para saber que había algo que tenía que hacer. Solo que no podía recordar el qué.

-¿Qué sucede, piernas?.-

El mundo se puso al derecho y mi corazón golpeó con fuerza.

-Gabriel, amor.-

-Ehhh... no sé qué sucede contigo pero me parece un poco apresurado llamarme así. No quiero compromisos.-

Se puso de pie y comenzó a alejarse.

-No, espera. Tú me amas, ven.-

-Me miró con desprecio y me dio la espalda.-

Me desperté y golpeé la cama con furia, había arruinado otra oportunidad. Los sueños no siempre me llevaban a él, y además no había logrado recordar que debía intentar traerlo de vuelta a la vida.

Era el Gabriel de otra época y debía comportarme como si estuviésemos viviendo ese momento, si es que pretendía no espantarlo.

-¿Quieres alitas?.-

Preguntó mi madre y asentí.

Ellos se mantenían callados o buscaban temas de conversación ligeros para matar el silencio sin causar ningún daño en mi. Ninguno de los dos se sentía a gusto conmigo.

Los interrumpí en un momento cuando recordé un hecho extraño.

-¿Sabes quién ha venido a ver a Gabriel al hospital?.-

Los dos me miraron con atención, negando con la cabeza.

-Tu secretaria.-

Dije clavando los ojos en mi padre. Él bajó la mirada, alzó las cejas y se cubrió la boca con la mano.

Suéñame despierta.(Completa ✔️) (2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora