La playa se abría paso y el viento revolvía mi cabello a su antojo, el lugar era un paraíso, pero el clima no estaba en sus mejores días.
Miré las olas por algún tiempo hasta que una voz me sacó de mi burbuja.
-¿Vienes siempre aquí?.-
Giré a verle la cara, sabiendo de quién se trataba.
-No, solo cuando quiero estar sola.-
Me sentía de mal humor y verlo allí no me alegro.
-Wow, ¿estás en tus días?.-
-Te conoces todas las frases machistas,¿verdad?.-
-Intento memorizarlas pero alguna que otra se me escapa.-
Revoleé los ojos.
-¿Por qué no me sorprende?.-
-Sabes, me he quedado pensando en tu nombre.-
Giré a verlo de frente, adelantando mi enfado a lo que fuera que estuviera a punto de decir.
-Ah, ¿si?.-
-Si, es un color.-
-¿En serio? no lo había notado.-
-Te lo juro. Acaso tus padres miraron alrededor...-
-...Cuando naciste y así eligieron tu nombre?. Ese chiste ya lo has hecho.-
Lo miré con cara de pocos amigos y él lucía desconcertado.
-Se me acaba de ocurrir.-
Algo se acomodó en mi mente y me sentí extraña, como si una pequeña cinta de la cual tirar hubiera aparecido.
-Espera...-
Lo miré a los ojos y algunas imágenes cruzaron mi cerebro, fueron dos o tres pero alcanzó para saber que había algo que tenía que hacer. Solo que no podía recordar el qué.
-¿Qué sucede, piernas?.-
El mundo se puso al derecho y mi corazón golpeó con fuerza.
-Gabriel, amor.-
-Ehhh... no sé qué sucede contigo pero me parece un poco apresurado llamarme así. No quiero compromisos.-
Se puso de pie y comenzó a alejarse.
-No, espera. Tú me amas, ven.-
-Me miró con desprecio y me dio la espalda.-
Me desperté y golpeé la cama con furia, había arruinado otra oportunidad. Los sueños no siempre me llevaban a él, y además no había logrado recordar que debía intentar traerlo de vuelta a la vida.
Era el Gabriel de otra época y debía comportarme como si estuviésemos viviendo ese momento, si es que pretendía no espantarlo.
-¿Quieres alitas?.-
Preguntó mi madre y asentí.
Ellos se mantenían callados o buscaban temas de conversación ligeros para matar el silencio sin causar ningún daño en mi. Ninguno de los dos se sentía a gusto conmigo.
Los interrumpí en un momento cuando recordé un hecho extraño.
-¿Sabes quién ha venido a ver a Gabriel al hospital?.-
Los dos me miraron con atención, negando con la cabeza.
-Tu secretaria.-
Dije clavando los ojos en mi padre. Él bajó la mirada, alzó las cejas y se cubrió la boca con la mano.
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Suéñame despierta.(Completa ✔️) (2)
RomansaLlegó el momento de conocer la historia de Gabriel. (Secuela de "Soñándote despierta") Azul irrumpirá en su vida convirtiéndose en un problema más, de los miles que ya tiene. Toda su realidad se encuentra de cabeza luego de un hecho poco claro y gra...