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La noche avanzaba lentamente, y la casa permanecía en silencio. Haneul, inquieto en su cama, no podía dejar de pensar en el beso que Jiho le había dado más temprano. Era una sensación desconocida para él, un deseo que no lograba comprender del todo, pero que lo empujaba a actuar.

Finalmente, incapaz de resistir más, Haneul se levantó de su cama y caminó sigilosamente por los pasillos oscuros hasta llegar a la habitación de Jiho. Dudó por un momento antes de abrir la puerta y entrar. Jiho dormía profundamente, pero la presencia de Haneul a su lado lo despertó.

—¿Haneul...? —murmuró Jiho, abriendo los ojos con somnolencia.

Haneul no respondió, simplemente se metió bajo las sábanas junto a Jiho, acercándose tanto que podía sentir su respiración en el rostro. El corazón de Jiho comenzó a latir más rápido, y una mezcla de deseo y confusión lo invadió.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Jiho, su voz apenas un susurro.

Haneul no sabía cómo expresar lo que sentía, así que, en lugar de hablar, se acercó más a Jiho, sus labios rozando los de Jiho con torpeza. El contacto hizo que Jiho se tensara por un instante, pero algo dentro de él se rompió, y antes de poder detenerse, se dejó llevar por el impulso.

—¿Otro... beso? —murmuró Haneul, su voz tímida y vacilante.

El deseo de Jiho se apoderó de él. Sin pensar en las consecuencias, sus manos tomaron con firmeza los brazos de Haneul, empujándolo suavemente hacia abajo hasta que quedó debajo de él en la cama. Jiho se inclinó sobre Haneul, profundizando el beso mientras su cuerpo se colocaba encima de él. Haneul, sin saber cómo reaccionar, se quedó quieto, sus labios inexpertos apenas se movían.

Jiho, movido por la intensidad del momento, comenzó a bajar sus labios desde los de Haneul hacia su cuello. El aroma dulce a miel que emanaba de Haneul invadió los sentidos de Jiho, haciendo que su autocontrol se debilitara aún más. Inhaló profundamente, permitiéndose disfrutar de aquel olor que lo volvía loco, presionando sus labios suavemente en la piel de Haneul, saboreando su fragancia.

Pero algo lo detuvo. Haneul estaba tenso, su cuerpo temblaba ligeramente bajo el peso de Jiho. Al sentir ese nerviosismo, Jiho se apartó un poco y bajó la mirada, notando la erección evidente en Haneul.

—Haneul... —Jiho susurró, sorprendido por la reacción de Haneul.

El joven omega temblaba, sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo dentro de él, pero sabiendo que algo en su interior estaba despertando. Sus ojos mostraban una mezcla de confusión y miedo, mientras que su cuerpo, por primera vez, respondía instintivamente a la cercanía de un alfa.

Jiho, sintiendo el peso de la situación, trató de calmarse y pensar con claridad. Sabía que Haneul estaba pasando por algo que apenas comprendía, y que su deber como alfa era protegerlo, no aprovecharse de él.

—Haneul, no tienes que tener miedo —dijo Jiho en voz baja, intentando calmar a Haneul mientras sus manos temblorosas acariciaban suavemente su mejilla—. Lo siento, me dejé llevar. No quiero asustarte.

Pero Haneul seguía tenso, su respiración era rápida y entrecortada, y aunque no entendía por qué su cuerpo reaccionaba de esa manera, buscaba la cercanía de Jiho. No podía expresar lo que sentía, pero sus ojos suplicaban por una explicación, por una sensación de seguridad que solo Jiho parecía poder darle.

—Te prometo que no haré nada que no quieras —continuó Jiho, retirándose un poco y soltando sus brazos, permitiendo que Haneul se moviera libremente—. No quiero hacerte daño.

Sin embargo, Haneul no se movió. Aunque estaba temblando, se mantuvo cerca de Jiho, buscando su calor. Sentía que algo en su interior se calmaba al estar con él, a pesar de la confusión que lo embargaba.

The power of fateHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora