Días después del nacimiento, Jiho y Haneul finalmente regresaron a casa con su bebé en brazos. El trayecto desde el hospital había sido tranquilo, pero al llegar a su edificio, la escena que los esperaba era todo lo contrario. Las cámaras de noticias estaban apostadas afuera, con reporteros y curiosos queriendo captar un vistazo de la pareja y su recién nacido.
—Esto es una locura —murmuró Haneul, mirando por la ventana del auto mientras se acercaban a la entrada del edificio.
—Lo sé —respondió Jiho, apretando suavemente la mano de Haneul—. Pero no te preocupes, haremos que todo sea lo más rápido y seguro posible.
El conductor estacionó y, al bajar del auto, la pareja fue recibida por una lluvia de flashes y micrófonos. Los reporteros comenzaron a hacer preguntas, pero Jiho, manteniendo la calma, les dio una mirada firme, dejando en claro que no darían declaraciones.
—Por favor, respétennos en este momento tan personal —dijo Jiho, mientras rodeaba a Haneul con un brazo protector y sostenía a su bebé en el otro—. Ahora solo queremos estar en casa con nuestro hijo.
A pesar de la multitud, lograron abrirse paso hasta la entrada del edificio, donde fueron recibidos por un grupo de guardias de seguridad que los ayudaron a ingresar rápidamente.
Justo en ese momento, los padres de Jiho, Sun-hee y Min-ho, aparecieron en escena. Los reporteros se giraron hacia ellos, lanzando preguntas sobre su nieto y la situación en general.
—Estamos muy felices por nuestro hijo y su pareja —dijo Sun-hee con una sonrisa, pero manteniéndose reservada—. Ahora es un momento de celebración y privacidad para ellos, y esperamos que todos lo respeten.
—Gracias por el interés, pero este es un asunto familiar —añadió Min-ho, con una firmeza que dejó claro que no responderían más preguntas.
Con las cámaras aún grabando, los padres de Jiho también entraron al edificio, y la puerta se cerró detrás de ellos, dejando el bullicio de la prensa afuera.
Ya en el interior, Jiho y Haneul se sintieron aliviados de estar finalmente en casa. Sun-hee se acercó a Haneul con una sonrisa, acariciando suavemente la cabeza del bebé.
—Es tan hermoso, Haneul —dijo con ternura—. Estamos tan orgullosos de ustedes.
—Gracias, mamá —respondió Haneul, sonriendo tímidamente mientras Jiho le rodeaba los hombros.
—Vengan, vamos a acomodar todo y luego pueden descansar un poco —sugirió Min-ho, siempre práctico.
Con la ayuda de sus padres, Jiho y Haneul se instalaron en casa. A pesar del caos exterior, el ambiente dentro del hogar era de pura calma y felicidad. Sabían que había desafíos por delante, pero en ese momento, estaban juntos, y eso era lo único que importaba.
Años habían pasado desde aquel turbulento momento en sus vidas. El tiempo había curado muchas heridas, y el pequeño hogar que Jiho y Haneul habían construido ahora estaba lleno de risas y amor. Su hijo, que llevaba el nombre de Soleil, en honor a la luz y la calidez que había traído a sus vidas, estaba celebrando su sexto cumpleaños.
La familia había decidido celebrar en un restaurante acogedor, rodeados de amigos cercanos y algunos familiares. El ambiente estaba lleno de alegría, y Soleil, con sus ojos brillantes y sonrisa contagiosa, era el centro de atención.
—¡Papá! —exclamó Soleil, mostrando con orgullo el juguete que había recibido como regalo—. ¡Mira lo que me regaló el abuelo Min-ho!
—¡Es increíble, Solecito! —respondió Jiho con una sonrisa, usando el apodo cariñoso que le habían dado.
—¿Y dónde está tu otro papá? —preguntó Min-ho, notando la ausencia de Haneul en la mesa.
—Fue al baño, volverá en un momento —respondió Jiho, mientras acariciaba suavemente la cabeza de Soleil.
—Este ha sido un cumpleaños perfecto, ¿no? —dijo Sun-hee, mirando a Jiho y Soleil con una sonrisa llena de orgullo.
—Sí, ha sido perfecto —asintió Jiho, pero una pequeña sombra de preocupación cruzó su rostro al darse cuenta de que Haneul estaba tardando más de lo habitual.
—Papá, ¿puedo ir a buscar a papá Haneul? —preguntó Soleil, con la inocente impaciencia de un niño.
—Espera aquí, Solecito. Papá Haneul volverá en un momento —respondió Jiho, tratando de mantener la calma. Pero su instinto le decía que algo no estaba bien.
Justo en ese momento, Haneul apareció en la entrada del comedor. Su rostro estaba pálido, y había una expresión de terror en sus ojos que Jiho no había visto en años. Era como si todas las pesadillas que habían luchado por superar regresaran de golpe.
—Haneul, ¿estás bien? —preguntó Jiho, levantándose rápidamente y caminando hacia él.
—Jiho... —murmuró Haneul, su voz temblorosa—. Vi... vi al Dr. Kim.
El nombre cayó como una bomba en la conversación alegre que había llenado el restaurante. Soleil, que no entendía completamente la situación, miró a sus padres con preocupación.
—¿Qué quieres decir? —Jiho sintió un escalofrío recorrer su cuerpo—. ¿Dónde lo viste?
—En el baño... —respondió Haneul, aferrándose al brazo de Jiho—. Me miró y... sonrió, como si nada hubiera pasado.
—¿Lo seguías viendo cuando saliste? —preguntó Jiho, su voz baja y controlada, tratando de no alarmar a Soleil, que miraba la escena con creciente inquietud.
—No lo sé... No lo vi más cuando salí, pero estoy seguro de que era él —la voz de Haneul temblaba, y su respiración se aceleraba.
Jiho sintió un nudo en el estómago. Podía ver el miedo en los ojos de Haneul, un miedo que pensaba que habían dejado atrás.
—No te preocupes, Haneul. No permitiré que nada ni nadie nos haga daño otra vez —dijo Jiho, rodeando a Haneul con un brazo mientras lanzaba una mirada rápida a la sala, buscando cualquier señal del peligro que Haneul había visto.
—Papá, ¿qué pasa? —preguntó Soleil con voz temblorosa, tirando de la camisa de Jiho.
Jiho se agachó para estar a la altura de su hijo, tratando de esbozar una sonrisa tranquila para no preocuparlo.
—Nada, Solecito. Solo hubo un malentendido. Estamos bien, ¿de acuerdo? —dijo Jiho, acariciando la mejilla de Soleil.
Haneul, sin embargo, no podía quitarse la sensación de encima. La idea de que el Dr. Kim pudiera estar tan cerca, después de todos esos años, era aterradora. Pero trató de calmarse por el bien de su hijo y de Jiho.
—Jiho... —murmuró Haneul, mirándolo a los ojos—. ¿Crees que...?
—No, Haneul. No puede ser —Jiho lo interrumpió suavemente, aunque en su interior, el miedo comenzaba a hacerse un hueco—. Pero no vamos a quedarnos aquí. Llevemos a Soleil a casa.
La familia se movió rápidamente, despidiéndose de los invitados con excusas apresuradas. Jiho mantuvo a Haneul y a Soleil cerca mientras salían del restaurante, sus ojos escaneando constantemente el área en busca de cualquier amenaza.
Sin embargo, mientras se alejaban, Jiho no pudo evitar echar una última mirada al restaurante. ¿Había sido real lo que Haneul vio? ¿O simplemente una sombra del pasado que aún los perseguía?
Mientras cerraban la puerta de su auto, una figura sombría permanecía en la penumbra, observando cómo la familia se alejaba.
Y con esa incertidumbre, el pasado y el futuro se entrelazaron en un inquietante recordatorio de que, a veces, las pesadillas nunca desaparecen del todo.
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The power of fate
Mystery / ThrillerEn 1992, un niño de 6 años fue secuestrado por un grupo de científicos sin escrúpulos que operaban al margen de la ley. Su objetivo era llevar a cabo un experimento secreto y prohibido, diseñado para manipular y controlar las características de los...
