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Al llegar a la sala, el primero en darles la bienvenida fue el gato de la familia, que se paseaba con elegancia cerca de Jiho y Haneul, rozando sus piernas con la cola en un gesto de cariño. Jiho sonrió al sentir el suave roce del pelaje del gato, mientras Haneul observaba al felino con curiosidad, inclinándose un poco para seguir sus movimientos.

—Buenos días, chicos —saludó Sun-hee con una sonrisa cálida desde la cocina—. ¿Podrían poner la mesa para el desayuno, por favor?

Jiho asintió rápidamente, respondiendo con un animado "sí" antes de volverse hacia Haneul.

—Vamos, te enseñaré cómo alistar la mesa —dijo Jiho, tomando la mano de Haneul y guiándolo hacia el comedor.

Haneul lo siguió con docilidad, aunque su atención parecía dividida entre Jiho y el entorno que lo rodeaba. Al llegar a la mesa, Jiho comenzó a explicarle los pasos para poner los platos, cubiertos y vasos en su lugar, pero en un abrir y cerrar de ojos, Haneul ya no estaba a su lado.

—Haneul... —Jiho llamó con extrañeza, girándose para buscarlo.

Para su sorpresa, encontró a Haneul en otro rincón de la casa, observando con profunda curiosidad las fotos familiares que colgaban en la pared. Haneul miraba fijamente cada imagen, sus ojos explorando los rostros sonrientes que aparecían en ellas, como si intentara comprender algo que se le escapaba.

Jiho dejó los cubiertos en la mesa y se acercó a Haneul con una mezcla de cariño y paciencia. Se detuvo junto a él, observando las fotos desde la misma perspectiva.

—Esas son fotos de mi familia —le explicó Jiho suavemente—. Aquí estamos mi mamá, mi papá, y yo... cuando era más pequeño.

Haneul asintió despacio, sus dedos rozando con delicadeza el marco de una de las fotos. Su mirada se detuvo en una imagen en la que Jiho, siendo solo un niño, sonreía ampliamente mientras sus padres lo abrazaban.

—Familia... —murmuró Haneul, como si la palabra tuviera un significado profundo que aún intentaba desentrañar—. ¿Es esto lo que significa tener... mamá y papá?

Jiho lo miró con ternura, reconociendo la curiosidad y la confusión en la voz de Haneul.

—Sí —respondió Jiho, colocando una mano en el hombro de Haneul—. Mamá y papá son las personas que te cuidan, te protegen y te quieren sin importar lo que pase. Son los que te crían y están siempre ahí para ti, como en esas fotos.

Haneul asintió nuevamente, absorbiendo la explicación de Jiho. Aunque todavía no entendía completamente lo que significaba tener una familia, comenzaba a vislumbrar la calidez y el amor que implicaba.

Después de un momento de silencio, Jiho sonrió y le dio un suave empujón hacia la cocina.

—Pero ahora, volvamos a la mesa antes de que mamá nos regañe por no estar listos para desayunar.

Haneul asintió con una pequeña sonrisa, siguiéndolo de regreso al comedor. Aunque su mente seguía llena de preguntas, una cosa era segura: estaba rodeado de personas que se preocupaban por él, y eso, de alguna manera, le daba una sensación de pertenencia que nunca antes había experimentado.

Mientras ambos comenzaban a alistar la mesa, el gato de la familia se paseaba nuevamente entre sus piernas, como un recordatorio silencioso de que, en esa casa, Haneul estaba aprendiendo lo que significaba tener un hogar.

Durante el desayuno, Sun-hee observó a su hijo con una mezcla de cariño y curiosidad. Con una sonrisa amable, se inclinó un poco hacia él, rompiendo el silencio que había en la mesa.

—Jiho, ¿cómo te sientes? —preguntó, sabiendo que el día siguiente sería especial para él.

Jiho levantó la vista de su plato, sintiendo un ligero nudo en el estómago al escuchar la pregunta. Sonrió, pero era una sonrisa un tanto nerviosa. Aunque siempre le había gustado su cumpleaños, este año sentía algo diferente, una especie de presión que no había experimentado antes.

—Estoy... bien, supongo —respondió, jugando con su comida—. Es solo que... cumplir 20 años suena... raro, ¿sabes?

Sun-hee asintió, comprendiendo perfectamente la inquietud de su hijo. Jiho nunca había sido alguien que aceptara fácilmente los cambios, y la idea de hacerse mayor, con todas las responsabilidades que eso implicaba, era una transición difícil.

—Ser adulto tiene sus ventajas —dijo Min-ho, su padre, con una sonrisa tranquilizadora—. Pero también entiendo que puede asustarte un poco.

Jiho asintió, pero no pudo evitar sentir un leve malestar al pensar en lo que significaba ser adulto. La idea de buscar un trabajo, de asumir más responsabilidades, y de tener que tomar decisiones importantes sobre su futuro le parecía abrumadora.

—Sí, supongo que hay cosas buenas —admitió Jiho, tratando de ser positivo—. Pero, a veces, desearía poder quedarme como estoy ahora un poco más de tiempo.

Sun-hee rió suavemente, sabiendo que su hijo estaba lidiando con emociones encontradas.

—Está bien sentirse así, Jiho —le aseguró—. No tienes que apresurarte. Tienes todo el tiempo del mundo para descubrir qué quieres hacer y cómo quieres vivir tu vida.

Mientras sus padres intentaban aliviar sus preocupaciones, Jiho trató de enfocar su mente en los aspectos positivos. Sin embargo, no pudo evitar sentir esa presión latente de que algo estaba cambiando.

Mientras la conversación continuaba, todos compartían sus ideas y experiencias. Sin embargo, en medio de las voces animadas, Haneul permanecía en silencio. Observaba cómo todos hablaban, sus ojos moviéndose de un rostro a otro mientras intentaba seguir el ritmo de la conversación. Pero las palabras parecían mezclarse en su mente, haciendo difícil para él entender todo lo que se estaba discutiendo.

Intentando no llamar la atención, Haneul forzó una pequeña sonrisa, aunque por dentro se sentía perdido. No comprendía bien de qué se trataba todo aquello sobre cumplir años, ser adulto, o buscar trabajo. Para él, todo era nuevo y confuso, y aunque quería participar, simplemente no encontraba las palabras adecuadas.

Sun-hee notó la expresión en el rostro de Haneul y le dedicó una mirada comprensiva. Sabía que para él, todas esas conversaciones podían ser abrumadoras, así que le dio una sonrisa cálida, una que decía "está bien, no tienes que entenderlo todo ahora".

Haneul se sintió un poco más tranquilo al recibir esa señal de Sun-hee, aunque la confusión seguía rondando su mente. Sabía que estaba rodeado de personas que lo apoyaban, pero aún tenía mucho que aprender sobre el mundo que lo rodeaba, y eso a veces lo hacía sentir un poco fuera de lugar.

Jiho, notando la tensión en Haneul, le dio un pequeño apretón en el hombro, recordándole que no estaba solo. Haneul le devolvió la sonrisa, más genuina esta vez, agradecido por el gesto de su amigo. Aunque había mucho que no entendía, sabía que tenía a Jiho y su familia para guiarlo, y eso le daba un poco más de seguridad en medio de toda la confusión.

The power of fateHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora