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Haneul se estiró en la silla, intentando aliviar la tensión en sus músculos después de haber estado sentado por un buen rato. Sin embargo, en medio de ese estiramiento, un pequeño gemido escapó de sus labios. El sonido resonó suavemente en la habitación, y en cuanto lo escuchó, Haneul se llevó las manos a la boca, su rostro sonrojándose al instante.

Su corazón latía con fuerza, y por un momento, rezó en silencio para que Jiho no hubiera escuchado, pero sabía que no tenía suerte. De reojo, vio cómo Jiho levantaba la vista de los documentos, su expresión cambiando de concentración a una mezcla de sorpresa y diversión.

—¿Estás bien? —preguntó Jiho con una sonrisa, dejando sus papeles a un lado y apoyando los codos en la mesa mientras lo miraba con curiosidad.

Haneul sintió cómo el calor se apoderaba de su rostro, y sus manos todavía cubrían su boca mientras intentaba encontrar una excusa, cualquier cosa que dijera que no fuera tan vergonzosa.

—Y-yo... solo... estirándome —murmuró, su voz apenas audible detrás de sus manos.

Jiho no pudo evitar soltar una pequeña risa, aunque se esforzó por no hacer que Haneul se sintiera peor.

—No tienes que disculparte por eso, Haneul —dijo con suavidad, su tono lleno de ternura—. Es natural que te sientas cómodo. Solo espero que no te hayas lastimado.

Haneul negó con la cabeza rápidamente, sus ojos todavía evitaban encontrarse con los de Jiho. Estaba seguro de que su vergüenza no podía ser más evidente, y el hecho de que Jiho se lo tomara con tanta calma solo hacía que se sintiera aún más avergonzado.

—E-estoy bien —logró decir finalmente, bajando las manos de su boca pero manteniéndolas juntas en su regazo—. Solo fue un... accidente.

Jiho se levantó de su silla y rodeó la mesa para acercarse a él. Colocó una mano en la cabeza de Haneul, acariciando suavemente su cabello.

—Me alegra saberlo —dijo Jiho, inclinándose un poco para besar la frente de Haneul—. Pero si te sientes incómodo o necesitas algo, solo tienes que decirlo. Estoy aquí para ti.

Haneul asintió, sintiendo que su corazón se calmaba un poco al escuchar esas palabras. Aunque todavía sentía un poco de vergüenza, el gesto de Jiho lo hizo sentir más seguro, más querido.

—Gracias, Jiho —respondió en un susurro, finalmente encontrando la valentía para mirarlo a los ojos.

Jiho sonrió y se quedó a su lado un momento más, asegurándose de que Haneul estuviera realmente bien antes de volver a sus archivos. Aunque el incidente había sido pequeño, el afecto que compartían en esos momentos íntimos los hacía sentir más cercanos que nunca.

Después de varios minutos intentando concentrarse en los archivos, Jiho comenzó a sentir cómo el sueño lo invadía lentamente. Sus ojos se cerraban cada vez más, y finalmente, decidió que era hora de regresar a la cama. Dejando los documentos a un lado, se levantó y dirigió su mirada hacia Haneul, quien todavía estaba sentado, observándolo con una leve sonrisa.

Cuando Jiho se acercó, Haneul alzó los brazos hacia él como un bebé, con una expresión que derretía cualquier rastro de cansancio que Jiho pudiera sentir. Esa simple acción hizo que Jiho sonriera ampliamente, sintiendo una calidez indescriptible en su corazón.

—¿Listo para ir a dormir? —preguntó Jiho en voz baja, mientras se inclinaba sobre Haneul.

Haneul asintió, sin decir nada, solo esperando con los brazos extendidos. Jiho no pudo resistir más y se acercó, rodeando la cintura de Haneul con sus brazos, levantándolo suavemente del suelo. Mientras lo hacía, se inclinó un poco más y plantó un beso tierno en los labios de Haneul, sintiendo cómo ambos se relajaban en ese instante.

The power of fateHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora