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Mientras se abrazaban, el reproductor comenzó a sonar “Until I Found You,” llenando la habitación con una suave melodía romántica. Jiho, aún abrazando a Haneul, levantó la mirada para encontrarse con los ojos de este. Los sentimientos que había estado ocultando parecían aún más intensos bajo la influencia de la música.

—Haneul… —susurró Jiho, sintiendo un impulso que no pudo resistir.

Con suavidad, Jiho se inclinó hacia adelante y dejó que sus labios rozaran los de Haneul en un pequeño beso. Haneul se quedó quieto, sorprendido, pero pronto sonrió con alegría, aunque todavía no comprendía del todo el significado del beso. Para él, estar cerca de Jiho era suficiente.

De repente, la puerta de la habitación se abrió de golpe. Sun-hee apareció en el umbral, mirando con sorpresa la escena. Jiho se sobresaltó y, con rapidez, se apartó un poco de Haneul, su rostro poniéndose rojo al instante.

—¿Qué estabas haciendo, Jiho? —preguntó Sun-hee con una sonrisa traviesa, disfrutando claramente de la incomodidad de su hijo.

—Eh… mamá… no es lo que parece… —balbuceó Jiho, sin saber cómo explicarse—. Solo… estábamos… eh… hablando… sí, hablando…

Sun-hee levantó una ceja, claramente divertida.

—¿Hablando, eh? —repitió, cruzando los brazos y dándole una mirada inquisitiva—. Porque parecía que estabas haciendo algo más que hablar, ¿no crees?

Jiho se puso aún más nervioso, rascándose la cabeza.

—¡No, en serio, solo estábamos…! —intentó explicar, pero las palabras no salían como quería.

Sun-hee soltó una carcajada suave, disfrutando del momento.

—Jiho, cariño, no tienes que ponerte tan nervioso. No es la primera vez que veo a dos personas… “hablando” tan de cerca —dijo, haciendo las comillas con los dedos—. Es natural. Pero dime, ¿Haneul también estaba “hablando” o solo escuchaba?

—¡Mamá! —Jiho protestó, sintiendo que su rostro se calentaba más.

—Está bien, está bien, no te molesto más —dijo Sun-hee, aún riendo—. Solo vine a preguntar si querían algo de merienda, pero veo que estás muy “ocupado.”

Haneul, que había estado observando la interacción sin entender completamente lo que pasaba, finalmente intervino.

—Jiho me estaba enseñando una canción —dijo con su voz tranquila.

Sun-hee lo miró con una sonrisa tierna.

—Ah, ya veo. Entonces fue una clase de música muy… cercana, ¿verdad?

Jiho se llevó una mano a la cara, tratando de esconder su vergüenza.

—Mamá, por favor…

—Bueno, bueno, los dejo tranquilos —dijo Sun-hee, levantando las manos en señal de rendición—. Pero no se olviden de bajar a merendar más tarde, ¿de acuerdo?

—Está bien —respondió Jiho rápidamente, deseando que su madre saliera cuanto antes.

Sun-hee les lanzó una última mirada juguetona antes de cerrar la puerta tras ella, dejando a Jiho y Haneul solos una vez más. Jiho suspiró profundamente, sintiendo que su corazón finalmente empezaba a calmarse.

—Tu mamá es… ¿divertida? —preguntó Haneul, todavía un poco confundido pero sonriendo.

—Eso es una forma de decirlo —respondió Jiho, sonriendo también, aunque aún un poco avergonzado—. Lo siento por eso, Haneul.

—Está bien —dijo Haneul, acercándose de nuevo a Jiho y tomando su mano—. No lo entiendo del todo, pero está bien.

Jiho asintió, agradecido por la paciencia y la comprensión de Haneul. Aunque el momento había sido interrumpido, no podía negar que había algo especial en lo que acababa de ocurrir.

Luego de unos minutos, Jiho se dejó caer en la cama junto a Haneul, estirando un brazo para abrazarlo con cariño. El calor del cuerpo de Haneul contra el suyo era reconfortante, y Jiho no pudo evitar sentir una inmensa ternura por el chico que ahora estaba a su lado. Haneul, quien ahora era su omega, lo miró con sus ojos grandes y curiosos, mientras Jiho le sonreía con dulzura.

Jiho tomó la mano de Haneul entre las suyas y comenzó a besarla con delicadeza, como si fuera la cosa más preciada del mundo. Cada beso era una muestra del afecto que sentía, y aunque Haneul no entendía completamente el significado de esos gestos, sabía que le gustaban.

El momento era perfecto, lleno de tranquilidad y cariño, hasta que, una vez más, la puerta se abrió de golpe, y Sun-hee apareció con su característica energía.

—¡Chicos! —anunció alegremente—. ¡Es hora de almorzar!

Jiho se sobresaltó, separándose un poco de Haneul mientras su rostro se ponía rojo por segunda vez en el día.

—Mamá, ¿puedes llamar a la puerta, por favor? —pidió Jiho con un suspiro, aunque sin poder evitar una sonrisa.

Sun-hee soltó una risita traviesa.

—Lo siento, lo siento. No quería interrumpir nada… otra vez. Pero ya está la comida en la mesa, así que los espero abajo —dijo, dándoles una mirada cómplice antes de cerrar la puerta.

Jiho se quedó mirando la puerta cerrada por un momento antes de volver su atención a Haneul, quien lo observaba con una expresión de ligera confusión.

—Tu mamá tiene… mucha energía —comentó Haneul, todavía procesando la situación.

Jiho rió suavemente y asintió.

—Sí, lo sé. Pero en el fondo, es una buena persona. Solo que a veces… es un poco entrometida.

Haneul asintió lentamente, como si estuviera archivando esa información para más tarde.

—Vamos, es mejor que bajemos antes de que mamá vuelva a subir —dijo Jiho, levantándose de la cama y extendiendo una mano para ayudar a Haneul a ponerse de pie.

Haneul tomó su mano con una sonrisa y se levantó junto a él. A pesar de las interrupciones, el día aún era brillante, y Jiho sabía que cada momento con Haneul a su lado era especial, sin importar cuántas veces su madre entrara sin avisar.

The power of fateHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora