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La atmósfera en la habitación estaba impregnada de una calma extraña y reconfortante, el contraste entre la presencia de Jimin, tan humana, y Yoongi, tan etéreo, era palpable, pero, en ese momento, no importaba. Jimin sentía una conexión profunda, algo que trascendía lo físico y lo explicable, algo que no necesitaba ser entendido completamente para ser apreciado.

El beso, aunque inesperado, fue suave. Jimin sentía la fría presencia de Yoongi en sus labios, pero no lo apartó. A pesar de todo, había algo reconfortante en la forma en que Yoongi lo abrazaba, algo que lo hacía sentir seguro en ese instante suspendido entre dos mundos.

Yoongi, quien al principio parecía desconcertado, cerró los ojos, dejando que el beso se desarrollara lentamente. La fría presión de su ser era una constante, pero de alguna manera, esa sensación de frío no resultaba incómoda. Jimin era el calor que faltaba, y en ese abrazo y beso, Yoongi sentía que no todo estaba perdido.

Cuando se separaron, Jimin no dijo nada al principio. Solo se quedó mirando a Yoongi, intentando comprender la fuerza invisible que los mantenía unidos, sin importar las circunstancias. Yoongi sonrió suavemente, esa expresión cálida que Jimin había aprendido a reconocer como suya, y acarició su cabello.

—Nunca dejes de hacer cosas como esa. —dijo Yoongi en un susurro, su voz un eco lejano, pero lleno de significado.

Jimin sonrió, aunque sus ojos brillaban con una mezcla de felicidad y tristeza, sabiendo que, por más que quisiera, no podía evitar preocuparse. A pesar de todo, no quería perder a Yoongi, ni ahora, ni nunca.

El beso se volvió más profundo, cargado de emociones que parecían escapar del tiempo y el espacio. Yoongi, a pesar de su naturaleza etérea, movió sus manos con sorprendente destreza, desabrochando lentamente la camisa de Jimin. Cada movimiento era medido, como si quisiera grabar ese momento en una memoria que ni la muerte pudiera borrar. 

Jimin dejó escapar un suspiro al sentir el frío contacto de las manos de Yoongi en su piel, un contraste que lo hacía estremecerse, pero que no rechazaba. Había una mezcla de ansiedad y deseo en el ambiente, una conexión tan intensa que ambos parecían perderse el uno en el otro. 

—Yoongi… —murmuró Jimin, apenas separándose lo suficiente para mirarlo.

Sus ojos estaban cargados de emociones, una mezcla de vulnerabilidad y entrega. 

—¿Estás seguro? —preguntó Yoongi en un susurro, su voz baja y casi reverente, como si temiera romper el delicado equilibrio del momento. 

Jimin asintió sin dudar, acercándose nuevamente para besarlo, esta vez tomando la iniciativa. Sus manos se deslizaron hacia el rostro de Yoongi, acariciando con suavidad las frías mejillas del fantasma, como si quisiera asegurarse de que todo era real, de que lo tenía ahí, con él. 

El ambiente en la habitación se sentía cargado de emociones intensas, y aunque sabían que el mundo fuera de esas paredes seguía girando, nada más importaba en ese instante. Era un momento solo para ellos, un fragmento de tiempo en el que la vida y la muerte parecían entrelazarse de una forma única e irrepetible. 

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora