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Pasó una semana, siete días de rutina sencilla: desayunos compartidos entre miradas suaves, paseos cortos por la ciudad con gorros y mascarillas, risas tímidas mientras intentaban cocinar algo decente en una cocina prestada. La herida invisible en Yoongi seguía allí, latente, pero Jimin no lo presionaba, solo lo amaba como sabía hacerlo: con presencia, con espacio, con ternura, pero entonces, Jimin empezó a cambiar, al principio fue una sensación vaga.

Se despertaba más tarde de lo habitual, con el rostro más pálido y las mejillas perladas de sudor, algunas mañanas no quería desayunar, otras apenas probaba bocado antes de correr al baño. Yoongi lo observaba con creciente preocupación, aunque Jimin insistía en que solo era cansancio.

—Estoy bien, es el estrés. —dijo, apoyado en el marco de la puerta del baño, con una sonrisa cansada mientras se enjuagaba la boca. —No es nada.

Pero su cuerpo no decía lo mismo, el tercer día seguido vomitando, Yoongi se levantó de la cama antes de que él pudiera ir al baño solo. Le sostuvo el cabello, le acarició la espalda, y no dijo nada... hasta que vio las lágrimas silenciosas en los ojos de Jimin mientras se enjuagaba una vez más.

—Jimin. —Lo tomó por la cintura, con firmeza, obligándolo a mirarlo. —Esto no es estrés.

Jimin bajó la mirada, mordiéndose el labio.

—No quiero que te preocupes...

—Demasiado tarde para eso.

Ese mismo día, salieron a una clínica pequeña, discreta, donde Jimin pidió un análisis sin mencionar su apellido ni dar demasiados datos, mientras esperaban, Yoongi le sostenía la mano, y no dejaba de observar cada gesto suyo, como si pudiera leer la respuesta en la curva de su ceja o en la forma en que se mordía el pulgar.

Los resultados llegaron rápido y bastó una mirada de la enfermera para que el mundo se detuviera.

—Felicidades. —dijo ella, con voz amable. —Estás embarazado, Joven Jimin.

Jimin no reaccionó de inmediato, se quedó quieto, con los ojos clavados en el papel entre sus manos, como si estuviera escrito en otro idioma y Yoongi no dijo nada; solo lo miró, Jimin tragó saliva, su voz apenas un hilo.

—Pero eso... no debería ser posible.

—¿Hace cuánto que no lo es? —preguntó Yoongi, con una calma falsa, como si el peso de esa frase no se le estuviera clavando en el pecho.

Y entonces, ambos lo supieron, la noche en que hicieron el amor no había sido solo un reencuentro emocional, algo más había sucedido, algo que rompía las reglas, algo que... no era normal.

Jimin cerró los ojos y apoyó la frente contra el hombro de Yoongi, respirando temblorosamente.

Y Yoongi, en silencio, rodeó su espalda con ambos brazos, con fuerza.

—Te tengo. —susurró, más para sí mismo que para Jimin.

Pero en el fondo, un escalofrío le recorría la columna, porque si él había regresado de entre mundos... si ella aún rondaba... entonces la vida que crecía dentro de Jimin podría ser más que un milagro, podría ser una señal o una advertencia.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora