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Yoongi apretó los puños, el fuego en su interior devorándolo. Imágenes de Jimin llorando en silencio, abrazando a su hijo sin él, lo atravesaron como cuchillas. Esa mujer se había atrevido a entrar en su hogar, a apuntarle con un arma, a hablar de pertenencias como si Jimin y el niño fueran objetos, la decisión, aunque dolorosa, ya estaba tomada.

—Si ella debe ser la vida que entregue... —su voz era grave, temblorosa, pero llena de resolución. — entonces que así sea.

El limbo vibró, como si aprobara su elección, el resplandor carmesí se expandió, envolviéndolo. La voz sonó por última vez, fría y definitiva.

—El precio ha sido pactado, una vida por otra, el lazo de sangre se romperá, y con él renacerás, pero recuerda, Min Yoongi: el pecado que hoy cargas no se borrará jamás.

Un frío cortante atravesó su cuerpo y lo arrastró de regreso, la bruma se desvaneció... y cuando abrió los ojos, Yoongi ya no estaba en el limbo. Su respiración volvió, pesada, y sus manos ya no eran tan translúcidas, estaba de pie, en la oscuridad de una calle cercana al hogar de Jimin, con un latido vivo retumbando en su pecho y en el horizonte, como si el destino lo llamara, vio la silueta de su tía acechando de nuevo.

La respiración de Yoongi era real otra vez, el aire frío de la noche llenaba sus pulmones, pero no le daba alivio, sino una sensación de hierro en la garganta. Caminaba tambaleante, cada paso lo acercaba al hogar de Jimin... y a la sombra de su tía, la mujer que había intentado arrebatárselo todo.

Cuando la enfrentó, no dudó, la furia contenida, el amor por Jimin y su hijo, y el pacto recién sellado lo empujaron a hacer lo impensable. La vida de ella se apagó entre sus manos como una llama sofocada, el silencio posterior fue ensordecedor. Yoongi cayó de rodillas, sus manos temblorosas manchadas por lo que acababa de hacer.

El eco de la voz del limbo resonaba aún en su mente: "Una vida por otra. El precio ha sido pactado." Pero lo que no le habían advertido era que el peso de ese acto lo marcaría más allá del cuerpo, esa misma noche, cuando intentó acercarse a la casa de Jimin, un frío extraño lo envolvió. No era el mismo frío de ser fantasma; era algo más profundo, un vacío que parecía devorar lo poco de humanidad que le quedaba.

Su reflejo en una ventana lo detuvo, sus ojos, antes oscuros y llenos de melancolía, ahora tenían un brillo apagado, ennegrecido, como brasas extinguidas. La sombra de su silueta se alargaba de una manera antinatural, como si no le perteneciera.

El limbo lo había marcado. El pacto había cobrado un costo oculto, Yoongi lo entendió con un estremecimiento: estaba convirtiéndose en uno de Los Oscuros, fantasmas condenados, nacidos del crimen y de la falta de arrepentimiento, criaturas atormentadas que vagaban devoradas por la sombra de lo que fueron.

—No... —susurró, llevándose las manos a la cabeza. —Yo no soy como ellos... ¡Yo no era malo!

Pero el dolor en su pecho era implacable, la paradoja lo destrozaba: no había cometido maldades en vida, pero al volver había tomado una vida, la de su propia sangre. Aunque fuera para proteger a Jimin, el remordimiento era tan devastador que lo arrastraba hacia la oscuridad que juró no ser.

La pregunta lo quemaba por dentro: ¿Podría Jimin abrazarlo otra vez... si descubría en qué se estaba convirtiendo?

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora