El aire de la habitación se volvió espeso, el cuenco ritual, aún humeante, comenzó a agrietarse lentamente, emitiendo un chillido agudo, como si protestara por haber sido usado para algo prohibido. Las llamas de las velas parpadearon enloquecidas.
—Jimin... —murmuró Yoongi, aun de rodillas junto a él. —Respira.
Pero el cuerpo de Jimin no respondía, su mirada estaba fija en un punto invisible, las pupilas dilatadas, la respiración agitada como si aún estuviera atrapado entre el hierro y la oscuridad. Un hilo de sangre comenzó a brotar de su nariz, su cuerpo entero se estremeció, y luego... colapsó hacia un lado.
—¡Jimin! —Yoongi lo sostuvo antes de que golpeara el suelo, sintiendo su piel fría, como si la sangre se hubiese retirado de la superficie.
Una corriente de energía atravesó la casa en ese instante, los cristales colgantes vibraron, los libros se agitaron en los estantes y una ventana se rompió sin razón aparente, dejando entrar una ráfaga de viento helado. El sello protector del techo centelleó con una luz roja intensa, como si algo tratara de romper la barrera.
—Mierda, no... no ahora. —susurró Yoongi, cargando a Jimin entre sus brazos y llevándolo rápidamente a la habitación más interna de la casa: el cuarto ritual de su madre.
Sael se despertó por el estruendo, pero la esfera de protección lo envolvió inmediatamente, aislándolo del caos. Yoongi colocó a Jimin sobre el lecho de piedras oscuras y símbolos tallados en la madera del suelo. Su cuerpo estaba rígido, los dedos crispados, los labios entreabiertos como si intentara hablar, pero no pudiera.
—Estás sangrando demasiado... —susurró Yoongi, presionando un paño contra su nariz, observando también un delgado hilo rojo bajar por su oído. —Estás demasiado conectado... no supiste cerrar la puerta.
Extendió las manos sobre su pecho y comenzó a recitar una antigua oración de cierre, apenas recordada de las enseñanzas de su madre. Pero Jimin se arqueó bruscamente, de su boca salió una palabra, rota, gutural, apenas un eco:
—Él...
—¿Qué? ¿Quién? —Yoongi bajó más su rostro hacia él.
—Él... me está buscando...
El cuerpo de Jimin volvió a temblar, la temperatura del cuarto bajó abruptamente, en una de las paredes, una sombra se deslizó como tinta negra derramándose, formando una figura humanoide... sin rostro.
Yoongi se giró, los ojos encendidos de furia y terror.
—¡No vas a tocarlo! —gritó, lanzando una esfera de energía que destrozó la sombra, la cual chilló como si quemaran carne viva.
Pero al desvanecerse, la figura dejó atrás una marca grabada en el suelo: un círculo con un ojo en su centro... y dentro del ojo, una sonrisa torcida, Yoongi retrocedió lentamente, apretando los dientes.
—Nos está desafiando... incluso dentro de la barrera.
Jimin gimió, su cuerpo dejó de convulsionar poco a poco, pero no volvió en sí, solo respiraba. Rápido, débil, como si flotara entre dos mundos, Yoongi se sentó junto a él, colocándole una mano en el pecho.
—Te juro que no vas a hacerlo solo... no importa lo que venga.
Afuera, el bosque se agitaba, las ramas golpeaban la casa, el cielo, aun sin luna llena, ardía en un extraño resplandor rojizo, algo se había desatado y lo quería de regreso.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
FanfictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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