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El camino hacia la ciudad fue silencioso, pero cargado de una tensión que Jimin no podía ignorar. La humedad del aire penetraba su ropa y le calaba los huesos, pero había algo más que lo hacía sentir incómodo. No solo era el dolor que aún sentía en la espalda; era esa sensación de estar a punto de cruzar una línea invisible, una que marcaría el comienzo de algo que no podía controlar.

Pasaron por un pequeño pueblo antes de llegar a la ciudad, y en el centro, había una farmacia de aspecto anticuado, con estantes llenos de productos que parecían sacados de una época pasada. Jimin, aunque un tanto incómodo con la idea de estar solo por un momento, decidió entrar para buscar las pastillas que necesitaba. Miró hacia atrás y vio a Yoongi quedarse fuera, como siempre, invisible para el resto de las personas.

Jimin suspiró, sabiendo que el fantasma nunca podría entrar con él sin llamar la atención. Pero no estaba solo, ni lo estaría nunca más, aunque no pudiera verlo nadie más. Jimin caminó entre los estantes, buscando rápidamente lo que necesitaba.

—¿Jimin? ¿Es en serio? —La voz era cargada de burla.

Jimin se giró y se encontró cara a cara con tres antiguos compañeros de colegio, no los había visto en años, pero sus rostros, aunque un poco más maduros, seguían siendo los mismos. La sonrisa arrogante, la mirada de superioridad... todo seguía igual.

—Mira, el gran Jimin está regresando. —dijo uno de ellos, un chico alto con gafas, riendo. —¿Qué pasó? ¿No te iba tan bien fuera de la ciudad?

Jimin sintió un nudo en el estómago a pesar de lo que había pasado, a pesar de lo que estaba viviendo ahora, esa era una parte de él que nunca se iría. La parte de él que había sido el blanco de sus burlas en la escuela, el chico que nunca encajaba luego de su accidente que lo cambió todo.

—¿Y qué haces por aquí? —preguntó la chica, cruzando los brazos con una sonrisa de superioridad. —Pensé que habías dejado todo atrás.

Jimin sintió cómo la rabia comenzaba a burbujear dentro de él, pero entonces, sintió una presencia detrás de él. Miró discretamente hacia atrás, pero no había nadie, nadie más podía ver a Yoongi, pero él sentía su cercanía, su protección.

Yoongi no podía intervenir de manera directa, pero Jimin sintió su presencia como un ancla en medio de la tormenta.

—No es tu problema. —respondió Jimin con frialdad, evitando hacer contacto visual.

Quería ignorarlos, pero algo dentro de él lo impulsaba a contestar, uno de los chicos, un pelirrojo con una sonrisa burlona, dio un paso hacia él.

—¿No te importa lo que piensen tus viejos amigos? ¿Qué, ya te olvidaste de nosotros? Mira, no tienes que seguir pretendiendo que eres algo que no eres, Jimin. —le dijo. —Todos sabemos que eres un fenómeno.

Jimin respiró hondo, la presión era palpable, y podía sentir el dolor que aún rondaba en su espalda, pero más que eso, era el constante golpe de esas palabras que lo seguían como sombras. Sin embargo, no quería ceder, no iba a ceder.

—Jimin, no dejes que te sigan manipulando con esas palabras. —Y entonces, como si Yoongi estuviera hablando directamente en su mente, una voz suave, pero firme, le habló.

Jimin sintió un impulso de confianza renovada y aunque los otros no pudieran oír a Yoongi, él sabía que su presencia estaba allí, como un refugio invisible.

—Eso no es asunto tuyo. —La voz de Jimin salió más fuerte, más decidida. —Así que, si no te importa, prefiero que se queden callados o les lanzó un fantasma.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora