Yoongi apretó los dientes, sus ojos nunca abandonaron el cuerpo tembloroso de Jimin atado a la piedra. El filo de la katana brilló cuando la levantó a la altura de su rostro.
—El sello era para mi hijo, a mí nadie me encierra.
El primer movimiento fue un destello, Yoongi atravesó la sala en un parpadeo y su katana cortó a un espectro por la mitad; el grito del ser se convirtió en humo negro que se desintegró en el aire. Los demás fantasmas lanzaron un coro de alaridos y se abalanzaron hacia él como una tormenta de sombras.
Yoongi giró con fuerza, la hoja danzó en un arco perfecto, partiendo en pedazos a tres más. Cada golpe era acompañado por la vibración de los símbolos grabados en la katana, que parecían absorber la esencia oscura de los caídos.
Jimin, con los ojos muy abiertos, apenas podía creer lo que veía: Yoongi sangrando, tambaleante, pero implacable, moviéndose entre las sombras como un depredador que no conocía miedo.
—¡Deténganlo! —rugió el hombre traidor, señalándolo con su cuchillo. —¡No puede ganar contra todos nosotros!
Pero Yoongi no se detuvo, con cada paso avanzaba más cerca de Jimin, y cada espectro que lo enfrentaba terminaba en un grito ahogado, desvaneciéndose bajo el filo rojo de la katana. El hombre apretó la mandíbula, los ojos llenos de locura. Finalmente, levantó su cuchillo hacia el cielo, y los símbolos del suelo comenzaron a arder, como si absorbieran la vida misma de Jimin.
—¡Si muere ahora, volveremos todos! —gritó con furia, lanzándose hacia la cama de piedra.
Yoongi lo vio, y en un instante el tiempo pareció detenerse: la katana brilló con una luz carmesí, y su cuerpo se impulsó hacia adelante, decidido a cortar no solo al traidor, sino al destino que intentaba arrebatarle a Jimin.
El cuchillo descendió con la intención de hundirse en el pecho de Jimin, pero un destello cortó la trayectoria. El metal chocó con un estruendo seco: la katana de Yoongi había detenido el golpe a escasos centímetros del cuerpo atado.
Las chispas saltaron, los dos hombres se miraron a los ojos: Yoongi, con la respiración pesada y la furia contenida en sus venas; el traidor, con los labios torcidos en una sonrisa desquiciada, sostenido por la obsesión de la resurrección.
—¡Eres un necio, Yoongi! —gruñó el hombre, empujando con fuerza, los símbolos de su cuchillo brillando al contacto con la katana. —¿Acaso prefieres condenar a todos por una sola vida?
Yoongi lo apartó de un empujón, girando el filo de su katana y lanzando un corte en diagonal, el traidor retrocedió, esquivando apenas, la tela de su túnica desgarrándose.
—No me importa cuántos quieran volver. —Yoongi habló con una calma aterradora mientras se lanzaba de nuevo. —Nadie toca a Jimin.
El choque de metales resonó por toda la sala, el cuchillo, corto y veloz, buscaba el corazón de Yoongi; la katana, amplia y certera, trazaba arcos letales que obligaban al traidor a retroceder. Las sombras a su alrededor chillaban, empujadas por la energía liberada en cada impacto.
—¡Tú no entiendes! —El traidor soltó una carcajada rota. —Con su sangre seré humano otra vez... ¡Viviremos como antes!
—Tú ya no eres humano. —Yoongi lo embistió con el hombro, obligándolo a retroceder hasta una de las columnas manchadas de símbolos.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
FanfictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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