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La oscuridad fue cediendo poco a poco, como si una tela gruesa, húmeda, se deslizara lentamente de su rostro, Jimin respiró con dificultad, sintiendo el aire como cristales atravesando sus pulmones. Cada movimiento le dolía, cada pensamiento era un eco lejano apenas podía distinguir el límite entre su cuerpo y el espacio que lo rodeaba.

—Yoongi... —Su voz salió como un susurro, apenas más fuerte que un suspiro.

Yoongi se inclinó de inmediato sobre él, con el rostro pálido y los ojos cansados por la vigilia.

—Estoy aquí. —le tomó la mano con firmeza, pero sin apretar. —Me estás escuchando, eso es bueno.

Jimin intentó mover los labios de nuevo, pero no encontró fuerzas para decir todo lo que sentía. Era como si su alma aún estuviera anclada a un lugar que no podía ver.

—¿Dónde...?

—En el cuarto de sellado, te traje aquí cuando empezaste a convulsionar, abriste algo demasiado profundo, Jimin. Tu canal se desbordó, Jimin parpadeó con lentitud. Su piel estaba fría, pero transpiraba. El sudor empapaba sus sienes y su cuello, como si hubiera salido de un pozo helado.

—Vi... cosas. —musitó. —Aún las veo.

Yoongi lo miró con atención.

—¿Qué ves?

Jimin desvió la vista, sus ojos se clavaron en una esquina del techo, y su rostro palideció aún más.

—Allí... hay algo. —tragó saliva. —No se ha ido.

Yoongi giró hacia donde él miraba, pero solo vio piedra y sombras.

—No hay nada.

—Tú no puedes verlo... —susurró Jimin con los ojos fijos. —Me sigue desde el otro lado, está colgado como un parásito y sonríe.

Yoongi se incorporó rápidamente, dibujando con los dedos un símbolo de protección en el aire. El trazo brilló un instante, pero luego se apagó sin efecto.

—No debería estar aquí... —murmuró. —Esto es tierra protegida.

Jimin apenas asintió, cada latido le dolía, como si algo dentro de él aún latiera por separado, como si su corazón no estuviera completamente suyo.

—No puedo moverme bien. —dijo débilmente. —Es como si mis músculos pesaran... como si tuviera algo adentro.

Yoongi colocó ambas manos sobre su torso y cerró los ojos, una luz azulada envolvió sus palmas. El escaneo era superficial, pero bastó para que su rostro se tensara.

—Tienes residuos de energía oscura atrapados en la médula, están interfiriendo con tu cuerpo físico, es como tener astillas de otro plano incrustadas en tus nervios.

—¿Puedes quitarlas?

Yoongi negó suavemente.

—No sin romper más cosas, necesitas descansar primero, reunir tus fuerzas desde adentro.

Jimin giró el rostro hacia él, sus ojos brillando de miedo contenido.

—¿Y si vuelve a entrar? ¿Si esa cosa... me toma?

Yoongi lo acarició con cuidado, como si fuera a romperse.

—Te prometo que no va a tocarte, no mientras yo esté aquí. —Una pausa. —Y si tengo que quemar el velo para impedirlo, lo haré incluso si debo morir.

Jimin cerró los ojos, y una lágrima silenciosa se deslizó por su mejilla, no sabía si por el dolor, el agotamiento... o por el simple consuelo de tener a Yoongi ahí, prometiéndole pelear contra el infierno mismo si era necesario.

Afuera, la luna aún no se alzaba, pero las sombras se habían vuelto más largas y en la esquina donde Jimin había mirado... la piedra aún seguía más fría que el resto del cuarto.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora