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El hombre levantó el cuchillo hacia el aire, y los fantasmas aullaron al unísono, unas manos espectrales surgieron del suelo, aferrando las piernas de Yoongi, intentando detener su avance. Yoongi gruñó, bajando el filo con fuerza: la katana cortó aquellas sombras, pero cada golpe lo desgastaba más.

El traidor aprovechó el instante y lanzó un tajo que rozó el costado de Yoongi, la sangre brotó, tiñendo el suelo.

—¡Yoongi! —Jimin gritó desesperado.

El dolor lo sacudió, pero Yoongi no cedió; apretó el mango de la katana con ambas manos, su mirada fija en su enemigo.

—Con tu cuchillo no salvarás a nadie... —dijo con voz ronca. —Solo puedo darte descanso eterno.

Y con un rugido, se lanzó otra vez, la katana trazó un arco brillante, encontrándose con el cuchillo en una explosión de chispas y energía oscura. Los dos hombres forcejearon, a centímetros uno del otro, el filo temblando entre ellos, mientras los fantasmas rodeaban la escena como una jauría hambrienta esperando el desenlace.

Los golpes de metal resonaban como truenos dentro de la sala. Cada choque de la katana con el cuchillo hacía temblar los símbolos dibujados en las paredes y el suelo, y las sombras de los fantasmas parecían palpitar al ritmo de la tensión. Yoongi y el traidor forcejeaban, sus respiraciones cortas, sudor y sangre mezclándose en el aire cargado.

El traidor se impulsó hacia adelante con un movimiento inesperadamente ágil, buscando hundir el cuchillo en el hombro de Yoongi. Pero la katana interceptó de nuevo, y el impacto hizo que ambos retrocedieran, jadeando, con los músculos tensos al límite.

Las sombras comenzaron a alzarse en torno a Jimin, como si quisieran envolverlo y arrastrarlo hacia el sacrificio que el traidor planeaba. El corazón de Yoongi se encogió; cada segundo que pasaba era un segundo que Jimin estaba en peligro.

—¡No lo toquen! —rugió, empujando con todas sus fuerzas, obligando al traidor a retroceder. —¡No permitiré que lo toquen!

—¡Estás solo! ¡No puedes contra todos nosotros! —El traidor resopló, furioso y jadeante.

Pero entonces, algo inesperado ocurrió, uno de los símbolos en el suelo comenzó a brillar con luz propia, reaccionando a la tensión de la batalla. Un humo blanco, brillante y cálido, surgió de la inscripción, envolviendo a los fantasmas y levantándolos del suelo. Se retorcían, aullaban y chillaban, incapaces de mantener su forma; sus manos ya no pudieron tocar a Jimin.

El traidor gritó al ver que su ejército de sombras se debilitaba, la luz se extendió desde el suelo hacia las paredes, obligándolo a retroceder mientras Yoongi aprovechaba para avanzar. Con un empujón brutal, Yoongi desarmó al hombre, el cuchillo salió volando y cayó al suelo con un ruido seco.

—¡Jimin! —exclamó Yoongi, corriendo hacia él y rompiendo las ataduras con un solo movimiento de la katana, como si cortara no solo las cuerdas sino también la tensión que mantenía atado. —¡Estás a salvo ahora!

Jimin cayó entre sus brazos, temblando, mientras la luz blanca disipaba por completo las sombras restantes, reduciéndolas a ceniza flotante. El traidor cayó de rodillas, derrotado y exhausto, observando impotente cómo Yoongi protegía lo que más amaba.

Yoongi lo miró con los ojos ardientes, la katana todavía en alto, mientras su respiración se mezclaba con la de Jimin, que intentaba calmarse entre sollozos.

—Nunca... nadie... tocará a ti o a nuestro hijo. —dijo, con voz firme, mientras la luz de los símbolos se apagaba lentamente y el silencio volvía a la sala.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora