Al amanecer, las sombras aún no se disipaban del todo, Jimin y Yoongi habían empacado lo esencial en silencio, mientras Sael dormía profundamente, ajeno a la tensión que se filtraba en cada rincón de la casa. Cuando el primer rayo de sol se asomó entre las nubes, emprendieron el viaje.
El camino hacia la casa de la madre de Yoongi no estaba en ningún mapa. Había que cruzar un bosque que parecía haberse detenido en el tiempo, donde la niebla abrazaba los troncos y los árboles susurraban con lenguas olvidadas. Nadie se atrevía a pasar por ahí. Pero ellos sí.
—¿Está lejos? —preguntó Jimin, sosteniendo a Sael contra su pecho, mientras caminaban entre raíces y musgo húmedo.
—No mucho más. —respondió Yoongi, guiándolos con paso firme. —Ya puedo sentirla... su energía.
—¿La de tu madre?
—Sí, aunque esté muerta, nunca se fue del todo.
Jimin no dijo nada, pero el escalofrío que le recorrió la espalda no pasó desapercibido, la niebla se hizo más espesa, como si supiera a dónde iban. Finalmente, llegaron a una casa antigua escondida entre árboles curvados. Era de madera oscura, con enredaderas secas abrazando sus paredes, y una sensación de espera colgando en el aire.
Yoongi se detuvo frente a la puerta, respiró hondo y la tocó con los dedos, no necesitó llave. La puerta se abrió sola, como si la casa lo hubiera estado esperando.
—Adelante. —le dijo a Jimin.
El interior olía a tierra húmeda, incienso apagado y algo más... algo antiguo, los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas, pero en el aire flotaba una calidez melancólica. Como si la casa recordará a quienes la habitaron.
—¿Ella... murió aquí? —preguntó Jimin, caminando despacio.
—Aquí nació, vivió... y aquí murió. —respondió Yoongi con voz baja. —Pero nunca dejó de proteger este lugar, este sitio está atado a su alma.
Dejó las bolsas sobre una vieja mesa y se dirigió a una de las habitaciones.
—Sael puede dormir aquí, es la habitación donde yo solía quedarme de niño. —dijo, con un dejo de nostalgia en la voz.
—¿Y tú? —preguntó Jimin.
—Yo dormiré cerca de la entrada, no pienso arriesgarme a que algo cruce este umbral.
—¿Y yo? —susurró Jimin.
Yoongi lo miró, sus ojos oscuros, marcados por el cansancio, se suavizaron por un momento.
—Tú dormirás donde te sientas seguro... conmigo, si así lo deseas.
Jimin asintió, y durante unos segundos, el silencio entre ambos fue más elocuente que cualquier palabra. Entonces, una brisa helada cruzó la sala. No venía de ninguna ventana abierta, Yoongi cerró los ojos.
—Mamá... ya estamos aquí.
Una luz tenue comenzó a brillar desde el techo, una pequeña esfera flotante, cálida como una luciérnaga. Jimin la observó fascinado mientras esta se desplazaba lentamente por la habitación, como si inspeccionara a los nuevos visitantes.
—¿Eso es...?
—Ella. —dijo Yoongi. —Está complacida.
Jimin apretó a Sael contra su pecho, como si pudiera protegerlo incluso de lo intangible, pero la luz no representaba amenaza alguna. Se movió hasta colocarse justo sobre la cuna improvisada que Yoongi había armado para el niño y comenzó a brillar más intensamente.
—Está bendiciéndolo. —susurró Yoongi. —Ella reconoce su sangre... y su destino.
Jimin tragó saliva, sintiéndose abrumado por la presencia invisible que habitaba aquella casa. No solo era un refugio. Era un santuario viviente.
—Aquí aprenderemos lo que somos. —dijo Yoongi, acercándose a él. —Lo que realmente somos... y lo que estamos destinados a proteger.
Jimin asintió, y por primera vez en días, su cuerpo se permitió descansar, aún no lo sabían, pero la casa guardaba más secretos de los que podían imaginar y la luna llena estaba cada vez más cerca.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
FanfictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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