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Jimin dormía o al menos eso intentaba, Yoongi no había dormido desde hacía días, no necesitaba hacerlo, pero si pudiera, lo habría deseado. La tensión era una cuerda en su espalda, tirante, a punto de romperse, el apartamento, antes silencioso y cálido, había comenzado a sentirse diferente.

Frío, hueco, vigilado, a veces, al caminar por el pasillo, las bombillas parpadeaban, como si algo invisible se desplazara justo detrás de él. En los espejos, la figura de Jimin se duplicaba, en la cocina, los cuchillos aparecían fuera del cajón.

Y cada vez que se acercaba demasiado a él, podía olerlo, no a Jimin, a lo otro, a azufre, a ceniza húmeda; a algo que se retorcía entre el mundo de los vivos y los muertos, desesperado por nacer... o por devorar.

Hasta que una noche, todo se quebró, Jimin se despertó jadeando, no fue una pesadilla, fue un latido. Un golpe seco desde su vientre, no físico, sino energético, como si algo dentro de él hubiera gritado en otro idioma, se sentó de golpe, sudoroso, con las manos aferradas a su piel.

—¡Yoongi!

El fantasma apareció en el marco de la puerta, pero no estaba solo, la sombra lo seguía, era alta, más alta que cualquier humano. Delgada como un esqueleto, pero cubierta por una negrura viscosa, como humo que sangra. No tenía ojos, pero sí una boca que se abría en silencio, llena de dientes que no encajaban entre sí.

—¡No te acerques! —gritó Yoongi, extendiendo un brazo.

La figura retrocedió, pero no por miedo, sino por cálculo, lo estaba probando, midiendo el terreno.

—¿Qué es eso...? —preguntó Jimin, sin aliento.

Yoongi no despegó los ojos de la criatura.

—Un Oscuro, de los Sanguinarios, demonios del otro lado, no son espíritus, son lo que queda cuando el alma se corrompe más allá del retorno, son restos... pero con hambre y tú, Jimin...

Giró lentamente hacia él.

—Tú eres el banquete.

Jimin sintió náuseas, pero no de su embarazo, era otra cosa, el Oscuro se movió, deslizó sus dedos huesudos hacia la pared. Las uñas dejaron rastros quemados en la pintura.

—No solo te quiere a ti. —dijo Yoongi, con voz grave. —Quiere al niño.

—¿Por qué?

Yoongi tragó aire que no necesitaba.

—Porque tú y él juntos representan lo que nunca debió existir, una conexión natural entre los mundos, una llave y ellos... lo saben.

El Oscuro soltó un sonido, algo como un gemido sin garganta y entonces, se multiplicó.

Desde las esquinas del techo, desde las ventanas cerradas, surgieron otros, no tan grandes, pero sí igual de deformes. Huesos rotos que se movían con rapidez, bocazas que chasqueaban sin sonido. Algunos trepaban por las paredes como insectos, otros reptaban como humo espeso.

—¡Jimin, no los mires! —gritó Yoongi, y su cuerpo comenzó a brillar.

Una luz blanca lo envolvió, vibrante, intensa.

Los Oscuros gritaron, retrocediendo, uno de ellos estalló en una nube negra al tocar la energía de Yoongi. Jimin jadeaba, se aferraba al vientre, que ahora palpitaba con fuerza y entonces lo sintió. El bebé dentro de él brillaba, no con fuego, no con energía espiritual, con conciencia, era consciente del ataque, del peligro y respondía, como si supiera, que debía protegerse.

—¡Vamos a salir de aquí! —Yoongi extendió la mano. —Confía en mí, no dejes de mirarme ¡Ahora!

Jimin lo tomó. Y por un instante, el apartamento desapareció, todo fue blanco, todo fue paz, pero antes de desaparecer del todo, una voz grave, rasposa, dijo desde la sombra:

—El niño... abrirá el umbral.

Y en esa promesa, el infierno sonrió.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora