57

54 11 1
                                        

Jimin salió corriendo del motel, el corazón golpeándole el pecho con fuerza, la garganta cerrada por el miedo. Su voz desgarrada rompió el silencio de la noche.

—¡Yoongi! —gritó, con una mezcla de desesperación y pánico.

Pero no hubo respuesta, ni un susurro, ni una señal, solo el murmullo del viento y las luces lejanas de la ciudad. Un pensamiento lo atravesó como una cuchilla: ¿Qué había pasado? ¿Y si ya no podía verlo? ¿Y si... lo había perdido? ¿Y si los fantasmas ya no le hablaban?

Su respiración se volvió entrecortada, y el mundo parecía girar sin sentido, entonces, justo cuando su voz iba a quebrarse otra vez, una brisa suave le rozó el rostro.

—Jimin... —susurró una voz familiar, etérea.

Se giró de golpe, ahí estaba Yoongi, vestido con ropas blancas, descalzo sobre el asfalto húmedo, pálido y luminoso como una aparición sagrada. Sus ojos, oscuros y profundos, se posaron en él con ternura. Jimin corrió hacia él sin pensarlo, sin miedo, solo con necesidad. Lo abrazó con fuerza, como si al hacerlo pudiera retenerlo para siempre.

Su llanto estalló en silencio contra el hombro del pálido, mientras sus manos temblaban aferrándose a su espalda. Yoongi correspondió al abrazo con la misma intensidad, envolviéndolo con sus brazos delgados mientras cerraba los ojos, como si ese momento pudiera detener el tiempo.

—¿Qué fue lo que pasó? —murmuró Jimin entre sollozos, la voz ahogada contra su pecho.

Yoongi negó con la cabeza, suave, apenas audible.

—No lo sé... —susurró. —Solo sentí... como si me estuviera deshaciendo, como si algo me estuviera arrancando de aquí.

—¿Crees que... alguien está intentando separarnos? —Jimin alzó la mirada, las lágrimas aún en sus mejillas.

Yoongi no respondió al instante, su silencio decía más que mil palabras y en ese instante, bajo el cielo oscuro y los neones lejanos, Jimin entendió algo: el vínculo entre ellos ya no era estable, algo o alguien estaba tratando de romperlo. Pero no lo permitiría, porque aunque Yoongi era un fantasma y él un simple humano, su conexión era más fuerte que la muerte.

—No dejaré que te vayas. —dijo Jimin con firmeza, apretando el abrazo como si pudiera fundirse con él y así evitar que desapareciera.

—Y yo no me iré de tu lado. —respondió Yoongi, tomándolo con delicadeza del rostro, sus dedos fríos, acariciando sus mejillas mojadas por las lágrimas. —Nunca.

No hicieron falta más palabras, con el vínculo renovado en ese simple intercambio de promesas, regresaron juntos al motel, la habitación los recibió en silencio, el aire aún cargado con la energía extraña que Yoongi había sentido antes. Pero esta vez no había dolor, ni desvanecimientos, solo el leve sonido del reloj de pared marcando el paso del tiempo.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora