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El chico pelirrojo dio un paso atrás, su rostro estaba completamente pálido, y sus ojos recorrieron el lugar con desesperación, como si esperara que Yoongi apareciera de entre las sombras. El viento, qué momentos antes había rugido con fuerza, se detuvo de golpe. Una calma sobrenatural descendió, pesada y sofocante. Un silencio aterrador se adueñó del ambiente, y los tres jóvenes, temblando, intercambiaron miradas de desconcierto y puro terror.

—¿Nos vamos? —susurró la chica, la voz temblorosa, contagiada por el miedo que se aferraba a sus huesos.

—Sí... sí, vámonos. —El chico de las gafas asintió rápidamente, deseando escapar de allí cuanto antes.

Jimin los observó alejarse sin pronunciar palabra, la expresión serena, pero cargada de una silenciosa satisfacción, no necesitaba que vieran a Yoongi. Su sola presencia, invisible y poderosa, había sido suficiente para ponerlos en su lugar. A medida que se alejaban, el ambiente pareció recobrar su curso natural: el viento cesó del todo y las luces de la farmacia parpadearon antes de volver a encenderse, como si nada hubiera sucedido.

Jimin suspiró y volvió la mirada hacia el punto exacto donde sentía la presencia de Yoongi, invisible para el resto del mundo, pero tan real para él como siempre lo había sido.

—Gracias. —susurró con una sonrisa suave, cargada de alivio y complicidad. —Eso fue... perfecto.

Yoongi no necesitaba palabras, su silencio era un idioma que solo Jimin comprendía, tan profundo como el vínculo que los unía.

—No tienen idea de lo que les espera si vuelven a molestarte. —dijo Yoongi en voz baja, su tono suave pero impregnado de una amenaza apenas contenida. —Pero ahora sabes cómo enfrentarlos.

Jimin asintió, una extraña sensación de poder recorría su pecho, con Yoongi a su lado, incluso en la penumbra, se sentía invencible.

—Vamos, la ciudad nos espera. —murmuró Jimin, y echó a andar con paso firme, sabiendo que aunque el mundo no pudiera verlo, Yoongi siempre estaría allí, como una sombra fiel, velando por él.

Mientras se alejaban, el eco de los pasos de sus antiguos compañeros se desvanecía en la distancia, el futuro seguía siendo incierto, incluso amenazante, pero ya no le resultaba tan aterrador. Horas después, ya en la ciudad, se instalaron en un pequeño motel, Jimin dejó sus cosas sobre la cama con un suspiro, mientras Yoongi se encargaba de colocar los talismanes de protección en las esquinas de la habitación.

El ambiente estaba en calma... hasta que algo cambió, Yoongi se detuvo de pronto, una mueca de dolor cruzando su rostro. Se llevó una mano al pecho, como si algo lo apretara desde dentro, Jimin, que lo observaba de reojo, se acercó de inmediato, alarmado por su repentina palidez.

—¿Yoongi? ¿Estás bien?

Pero cuando intentó tocarlo... su mano atravesó el aire, no lo alcanzó.

—Jimin... —susurró Yoongi, con una expresión que era mitad tristeza, mitad advertencia... y luego se desvaneció.

Así, sin más, como una sombra barrida por el viento.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora