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Se dejó caer en el sofá, apoyando a su hijo sobre su pecho, el pequeño lo miraba con ojos grandes, llenos de miedo y confusión, y Jimin sintió que su corazón se rompía un poco más al recordar lo cerca que había estado de perderlo también. Lo abrazó con fuerza, como si sosteniéndolo pudiera reparar al menos una parte de todo lo que había perdido.

Sus ojos, vagando por la sala, se posaron en una caja de madera que había estado olvidada en un rincón, cubierta de polvo y de recuerdos que él aún no había tenido valor de enfrentar. Algo dentro de él le dijo que debía abrirla. Sus manos temblorosas levantaron la tapa y un olor a papel antiguo y tinta impregnó el aire.

Dentro había documentos cuidadosamente organizados, al principio, Jimin no entendió del todo lo que veía; luego, al leer con detenimiento, su corazón dio un vuelco. Cada papel estaba escrito de la caligrafía firme y meticulosa de Yoongi, sus palabras cargadas de previsión y amor silencioso.

Uno de los documentos estaba marcado con claridad: "Si algo me llegara a pasar, esta herencia será para Jimin y nuestro hijo, originalmente es para mi, pero se que hay muchos peligros y mi prioridad es al chico que amo y al hermoso hijo que me regalo."

Jimin cayó de rodillas sobre el sofá, dejando que los papeles se deslizaran de sus manos mientras las lágrimas caían sin control. Su hijo, sintiendo la desesperación de su padre, se aferró a él, llorando también.

—Yoongi... —susurró Jimin, su voz rota, casi un lamento. —¿Cómo... cómo pudiste... pensar en nosotros... aun cuando... aun cuando te fuiste?

El dolor se mezclaba con la gratitud, con la rabia, con la angustia de saber que, aunque estaba vivo en espíritu en esas palabras, ya nunca más podría sentir su abrazo, escuchar su voz, verlo respirar. El nudo en su garganta era tan fuerte que le costaba incluso hablar.

—Prometo que... lo cuidaré, Yoongi... —dijo entre sollozos, apretando al niño contra su pecho. —Prometo... que tu sacrificio no será en vano... que jamás te olvidaremos...

El llanto de Jimin llenó la habitación, un grito silencioso de pérdida y amor a la vez; la herencia, esos papeles que Yoongi había dejado con tanto cuidado, no podían devolverle lo que había perdido, pero eran un recordatorio tangible de que su amor seguía ahí, incluso en la muerte.

Jimin cerró los ojos, abrazando a su hijo con fuerza, y por un instante sintió como si Yoongi aún estuviera allí, sosteniéndolos con su presencia silenciosa, vigilándolos desde algún lugar donde los lazos de amor no podían romperse jamás.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora