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El silencio que siguió fue pesado, lleno de lo no dicho. Jimin se apartó un poco, buscando los ojos del fantasma, y en ellos encontró la misma mirada que lo había acompañado en vida: fuerte, protectora, pero ahora teñida de nostalgia.

—¿Por qué...? —Jimin apretó los labios. —¿Por qué tuviste que dejarme así? ¿Por qué ahora vuelves, solo para recordarme lo que perdí?

Yoongi bajó la mirada, incapaz de responder con palabras que pudieran aliviar ese dolor, levantó una mano y la posó en la mejilla de Jimin, cálida solo por el recuerdo que compartían.

—No elegí irme, pero el amor que siento por ti y por nuestro hijo es tan fuerte... que ni la muerte pudo apartarme del todo.

Jimin rompió en un llanto más fuerte, aferrándose a esa mano como si con ello pudiera encadenarlo a la vida.

—No me dejes otra vez. —suplico. —Te lo ruego, Yoongi, no me dejes...

Yoongi cerró los ojos, dolido por su súplica. Su forma comenzó a desdibujarse apenas, como humo acariciado por la brisa.

—No puedo quedarme mucho... cada instante aquí es un peso que me arrastra más lejos...

—¡Entonces quédate aunque duela! —gritó Jimin, con la voz rota. —Quédate aunque me destroce, aunque sea solo para mirar cómo cuido a nuestro hijo.

Yoongi lo abrazó una vez más, con fuerza. Su voz se quebró al hablar.

—No podré estar siempre... pero cada noche, cuando cierres los ojos, cuando el dolor te haga pensar que no puedes más... búscame en tus sueños, ahí siempre estaré, Jimin, contigo, con él.

Jimin asintió entre lágrimas, apretando los puños en su ropa inexistente, sabía que la realidad le arrebataría pronto esa presencia, pero también comprendió que aquel reencuentro no era solo para despedirse: era una promesa.

Poco a poco, la silueta de Yoongi se fue difuminando, hasta quedar apenas un reflejo en el aire, antes de desvanecerse por completo, dejó un último murmullo.

—No olvides que te amo.

Jimin se desplomó de rodillas, abrazando el vacío, pero con un nuevo fuego en el pecho: la certeza de que, aunque los separara la muerte, había algo que aún los unía y los protegería.

***

La neblina era densa, infinita, un mar gris que se extendía en todas direcciones, Yoongi caminaba sin rumbo, sus pasos no dejaban huellas y el silencio era tan absoluto que podía escuchar el latido apagado de lo que alguna vez fue su corazón. El limbo no tenía cielo ni suelo, solo un horizonte vacío donde el tiempo no existía.

De pronto, una voz profunda resonó en aquel vacío, reverberando como si naciera dentro de su propia mente.

—Min Yoongi...

Él alzó la cabeza, sus ojos recorriendo la bruma que lo envolvía.

—¿Quién eres? —preguntó con voz firme, aunque su interior temblaba.

La voz sonó otra vez, etérea, imposible de ubicar.

—Soy quien guarda el umbral, el que decide qué almas cruzan y cuáles quedan atrapadas.

Yoongi frunció el ceño, dando un paso adelante.

—¿Qué quieres de mí?

Un silencio pesado se hizo, y entonces las palabras cayeron como un juicio.

—Tú has desafiado las leyes, volviste al mundo de los vivos cuando no debías, te mostraste a aquel por quien lloras.

El nombre que no fue dicho flotó entre ellos como un secreto compartido: Jimin.

El pecho de Yoongi ardió con un dolor insoportable al recordarlo, al sentir aún el calor de sus lágrimas contra su piel fantasmal.

—No podía dejarlo así, no a él, no a nuestro hijo.

La bruma se agitó, como si algo en ese lugar reaccionara a su dolor.

—Si quieres regresar... si de verdad deseas volver a su lado, debes pagar un precio.

Yoongi apretó los puños.

—¿Qué precio? Haré lo que sea.

La voz se tornó grave, más pesada, casi cruel.

—Para volver a la vida... deberás renunciar aparte de ti, un sacrificio que te marcará para siempre o aceptarás vagar aquí, observándolos sin poder tocarlos jamás.

Yoongi cerró los ojos, el eco de Jimin abrazándolo aún vivo en su memoria, su decisión no tardó en hacerse clara, aunque sabía que nada en aquel pacto sería fácil.

—Si es por él... si es por ellos, aceptaré cualquier condena.

El limbo tembló, la bruma se iluminó con un resplandor extraño y entonces, la voz susurró, más cerca, casi como un suspiro en su oído.

—Muy bien, prepárate, Min Yoongi, el precio de la vida nunca es pequeño.

Un frío cortante atravesó su cuerpo, y la oscuridad lo envolvió antes de que pudiera abrir los ojos.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora