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Se hundieron más profundo, ya no estaban en la infancia de Jimin, el vértigo cambió de forma, las voces se distorsionaron y los recuerdos se sucedieron como relámpagos en una tormenta. Yoongi lo sintió, ese no fue el primer accidente... Pero tampoco fue el último.

Otro recuerdo emergió, más reciente, más brutal, más definitivo.

El aire olía a humo metálico a la carretera mojada, Jimin ya no era un niño, era un joven adulto, de rostro calmo pero con un vacío en los ojos. Llevaba un abrigo claro, el cabello rubio peinado hacia atrás, y un leve brillo de ansiedad reflejado en el retrovisor, llevó una mano a su pecho.

—Qué raro... —susurró.

Una sensación extraña lo recorrió, un ardor leve, como electricidad bajo la piel, pero no le prestó atención, revisó su celular, sonrió con suavidad ante un mensaje, y volvió la vista al camino. Iba rumbo a una fiesta, la ciudad brillaba a lo lejos.

Las luces lo envolvían, conducía tranquilo, música suave llenaba el auto; hasta que... Un golpe brutal, un estruendo, cristales volando, chispa y metal. El auto giró violentamente, dando vueltas como una hoja arrastrada por un viento asesino. Las ruedas perdieron control, se estrelló con fuerza contra una estructura metálica en una zona en construcción.

Todo quedó en silencio, solo el sonido del motor muriendo poco a poco, y el eco de una sirena lejana. Jimin, dentro del auto destrozado, intentaba moverse, tosió, y un hilo de sangre escapó de sus labios. Su visión era borrosa, sintió frío, bajó la mirada, y entonces lo vio:

Un hierro lo atravesaba, desde el costado derecho, a través del abdomen, emergiendo con filo sin compasión. La sangre empapaba su camisa, goteaba al suelo.

—No... —balbuceó.

Intentó moverse, pero el dolor lo dominó, las luces se desvanecían, su corazón latía con lentitud, el alma comenzaba a separarse y entonces, lo sintió. Una grieta en el aire, una apertura, algo se quebró dentro de él, no en el cuerpo, sino en el espíritu. El puente se había abierto entre la sangre, los cristales y la muerte que se acercaba... vio una figura.

De pie entre las sombras, un hombre, alto, elegante, con una sonrisa torcida, casi burlona, lo miraba con deleite. No se acercaba para ayudar, estaba presenciando su renacimiento. Yoongi intentó correr hacia la escena, pero no tenía cuerpo, era solo un observador atrapado en la conciencia de Jimin.

—¿Quién es él? —gritó. —¿¡Quién eres!?

El hombre no respondió, pero Jimin, moribundo en su auto, lo miró justo antes de desvanecerse, y entre el sonido de patrullas y sirenas, se oyó un susurro:

"Bienvenido, puente." Y la luz se apagó, Yoongi fue expulsado de la visión como si el mundo lo escupiera, envuelto en sombras, con el pecho ardiendo. Cayó sobre la alfombra de la habitación con un grito ahogado, mientras Jimin, aún sumido en trance, temblaba violentamente.

El cuenco con la mezcla ritual humeaba como si estuviera ardiendo por dentro, las paredes vibraban débilmente. Algo se había activado. Yoongi se arrastró hasta Jimin y le tomó el rostro con manos temblorosas.

—Despierta... Jimin, vuelve.

Los ojos del rubio se abrieron de golpe, pero no eran del todo suyos, por un segundo, algo más los habitó, luego, pestañeó... y respiró con fuerza.

—Lo viste... —susurró.

—Sí. —dijo Yoongi, con la voz rota. —Y ahora sé por qué lo eligieron, porque tú no te abriste, tú fuiste abierto apropósito.

Ambos temblaban, pero no de miedo de revelación, el enemigo los había marcado desde antes... Desde mucho antes.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora