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—Yoongi... —susurró, como si temiera que al nombrarlo se desvaneciera.

Se acercó despacio, con el corazón en la garganta, el fantasma giró apenas, su rostro pálido, sus ojos oscuros cargados de un deseo roto.

—No deberías acercarte a mí. —murmuró con voz grave, casi un ruego. —No soy lo mismo... me estoy convirtiendo en algo que no deberías amar.

Pero Jimin lo tocó, su mano temblorosa rozó su mejilla y comprobó lo imposible: aún podía sentirlo, sólido, caliente, con un cuerpo reconstruido por sombras palpables.

—Entonces déjame amarte ahora, antes de que la oscuridad te lleve del todo. —dijo, con lágrimas en los ojos.

Yoongi no alcanzó a responder, Jimin lo besó con fuerza, un beso húmedo, con dientes y lengua, un beso que lo hizo gruñir desde lo más profundo. Lo empujó contra la cama, arrancándole la ropa torpemente, hasta dejar su piel desnuda bajo sus manos.

El fantasma se inclinó sobre él, atrapando un pezón entre los labios y succionando con fuerza, mientras su mano bajaba hasta la entrepierna de Jimin, envolviéndolo y masturbándolo con un ritmo lento y firme.

—Mírate... ya estás duro para mí —murmuró Yoongi, su voz ronca, excitada.

—Ah... Yoongi... más... —Jimin gemía, arqueando la espalda, buscando más fricción.

El otro bajó con la boca hasta su vientre y después entre sus piernas, lo separó con brusquedad, sujetándolo fuerte de los muslos, y lamió su entrada con hambre, hundiendo la lengua y haciéndolo gritar. El calor húmedo de su boca lo volvió loco, y cuando Yoongi deslizó dos dedos dentro, el cuerpo de Jimin tembló de placer.

—Dios... ahí... —jadeó, moviéndose contra sus dedos, desesperado.

El fantasma lo preparó rápido, sin darle tregua, hasta que el cuerpo de Jimin lo suplicaba y entonces, sin más demora, lo penetró de golpe. Jimin soltó un gemido ahogado, sus uñas clavándose en la espalda de Yoongi.

—¡Mierda!... —Su respiración se cortó, el estiramiento lo llenaba, lo quemaba, pero la sensación era deliciosa.

Yoongi empezó a embestirlo con fuerza, un ritmo rápido y profundo desde el principio, cada estocada golpeando en el punto exacto que lo hacía ver estrellas. Sus cuerpos chocaban con un sonido húmedo, gemidos y jadeos llenando la habitación.

—Eres mío... todo tuyo es para mí. —gruñó Yoongi contra su oído, aumentando el ritmo, su pelvis chocando con violencia contra la de Jimin.

—Sí... sí... soy tuyo... —gimió Jimin, enredando las piernas alrededor de él, atrapándolo para que no pudiera apartarse.

El sudor bajaba por sus cuerpos, mezclándose con las lágrimas de Jimin que se escapaban entre gemidos. Cada movimiento de Yoongi lo hacía gemir más alto, cada embestida más profunda lo obligaba a retorcerse de placer.

Yoongi lo levantó de la cama, obligándolo a sentarse sobre él, montándolo sin descanso. Jimin cabalgaba sobre su cuerpo, jadeando con la boca abierta, su erección rebotando contra su abdomen con cada movimiento.

—Ah... Yoongi... me voy a correr... —gritó, temblando.

El fantasma lo sostuvo fuerte de la cadera, marcando el ritmo de su vaivén, penetrándole hasta el fondo una y otra vez y cuando lo sintió estremecerse, lo masturbó al mismo tiempo, arrancándole un orgasmo explosivo. Jimin se corrió con fuerza sobre su abdomen, su cuerpo convulsionando, mientras Yoongi seguía dentro de él, follándolo sin piedad.

Un par de estocadas más y Yoongi gimió ronco, hundiéndose hasta el final y derramándose dentro, llenándolo por completo. El calor de su semen lo hizo gemir aún más, sintiendo cómo lo invadía en cada rincón, exhaustos, cayeron sobre la cama; Jimin, todavía temblando, apoyó la frente en la de Yoongi.

—Aunque seas un Oscuro... aunque me arrastres contigo... nunca dejaré de elegirte.

Yoongi cerró los ojos, jadeante, sintiendo el latido de Jimin aún apretado alrededor suyo y supo que, incluso en su condena, había encontrado un pedazo de cielo en su infierno.

***

La madrugada se deslizaba lenta, el aire estaba cargado del calor que habían compartido, mezclado con un murmullo extraño, como un eco que vibraba en las paredes. Jimin seguía recostado sobre el pecho de Yoongi, su respiración agitada poco a poco volviéndose más profunda, pero su cuerpo seguía temblando de deseo.

—¿Ves? —susurró Jimin, deslizando la mano por la línea de la mandíbula de Yoongi, bajando por su cuello, palpando cada músculo con delicadeza y hambre al mismo tiempo. —Aún eres tú... Aún puedo sentirte.

Yoongi lo abrazó con fuerza, hundiendo la cara en su cabello, inhalando su aroma, cada contacto, cada roce, lo mantenía anclado a la vida y, sin embargo, la oscuridad dentro de él rugía. Por un instante, creyó que podía sostenerse, que tal vez aún había salvación, pero al mirar el reflejo en la ventana, lo vio: su propio rostro pálido, con la sombra de un espectro extendiéndose detrás de él. Sus ojos habían adquirido un brillo negro, y en sus venas latían hilos oscuros que se retorcían con vida propia.

El placer que Jimin le daba, cada gemido, cada suspiro, lo hacía sentir vivo... y al mismo tiempo, alimentaba algo en su interior que lo estaba devorando.

—Jimin... —murmuró, con la voz grave, rasgada por la necesidad y el miedo. —Estar contigo me da fuerza... pero siento que la oscuridad me quiere más cerca, que me está usando para tocarte, para poseerte...

—Entonces luchemos. —Jimin se incorporó un poco, con lágrimas brillando en los ojos, pero con firmeza en la voz. —Aunque te arrastre... aunque duela... no voy a soltar tu mano.

Eso bastó para que Yoongi lo empujara suavemente hacia la cama, cubriéndolo con su cuerpo, sus labios se encontraron en un beso húmedo, desesperado, mientras sus manos recorrían cada centímetro del otro. La lengua de Yoongi se enredaba con la de Jimin, succionando y mordiendo, y Jimin respondía con igual intensidad, arqueando la espalda y enredando las piernas alrededor de él.

Cada caricia era un desafío: Yoongi lo penetraba lentamente, profundo, mientras un dedo exploraba su entrada y otro masajeaba su punto más sensible. Jimin gemía, hundiendo sus uñas en la espalda del fantasma, buscando más, necesitándolo.

—Ah... Yoongi... no pares... —jadeó, la respiración entrecortada, su cuerpo temblando de placer y necesidad.

La oscuridad en Yoongi rugía, mezclando deseo y hambre, y aun así cada embestida era medida, intensa, salvaje, pero controlada solo por la urgencia de Jimin. Sus gemidos, su cuerpo, su calor, todo lo anclaba a la realidad que estaba perdiendo y aunque el placer lo mantenía cuerdo por segundos, en el fondo sabía que cada roce, cada beso, cada grito era también un paso más hacia la condena, hacía convertirse en un Oscuro completo.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora