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Las primeras noches en la mansión fueron frías, no por el clima, sino por las miradas. Por las palabras contenidas entre los cubiertos de plata y las puertas que se cerraban con más fuerza de la necesaria. Sael se mantenía cerca de Jimin, en silencio, como si intuyera que ese lugar no los quería realmente.

Pero lo peor no era lo visible, era lo que no se decía, Jimin lo notó en los susurros de los sirvientes, en la forma en que su madre evitaba mirarlo directamente, en cómo su padre lo observaba de lejos, como si fuera una criatura desconocida.

Hasta que una noche, mientras Sael dormía en la habitación, Jimin bajó al antiguo despacho de su abuelo, no sabía por qué. Algo lo llamaba, un tirón leve, como el que alguna vez sintió cuando Yoongi aún estaba a su lado. La habitación seguía igual que en su infancia, bóveda de libros, vitrinas selladas, un reloj que ya no funcionaba, pero había algo nuevo: una caja de madera oscura, cubierta con tela roja y protegida por un sello de cera negra con el símbolo familiar.

La caja estaba abierta y junto a ella, su madre, sentada con las manos entrelazadas, los labios tensos, los ojos bajos.

—Sabía que vendrías.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Jimin, sintiendo el zumbido de energía antigua en la piel.

Ella no respondió de inmediato, sólo sacó de la caja un viejo libro encuadernado en cuero, desgastado por el tiempo.

—¿Crees que fuiste el primero?

Jimin frunció el ceño.

—¿El primero en... qué?

Ella abrió el libro, las páginas olían a incienso seco y algo más profundo... como tierra recién removida. Dentro, figuras pintadas a mano: hombres con vientres redondos, hombres rodeados de luz, hombres llorando mientras sostenían recién nacidos en brazos.

Todos con el apellido Park.

—Durante siglos, la sangre de nuestra familia ha cargado un don que nadie afuera debía conocer, los Park no solo manejan bienes o política, Jimin... también somos Canales.

—¿Canales?

—Nuestros antepasados hicieron pactos con lo oculto, algunos nacieron con la habilidad de concebir vida aun siendo varones, pero era un secreto, uno que protegíamos... y temíamos.

Jimin retrocedió un paso, con el corazón golpeándole el pecho.

—¿Por qué nunca me lo dijeron?

—Porque nunca debiste despertar esa parte de ti. —su madre lo miró con algo, entre dolor y enojo. —Esa herencia dormía, se manifiesta solo en casos extremos, cuando el alma se abre... como tú lo hiciste al amar a alguien de tu mismo sexo, él fue el detonante, el amor verdadero es lo único que puede activarlo.

Jimin sintió el cuerpo entumecerse, todo tenía sentido: el embarazo, el parto espiritual, su conexión con el templo.

—¿Y qué hicieron los demás? —susurró. —¿También criaron a sus hijos?

La madre apretó la mandíbula.

—No todos sobrevivieron, no todos quisieron aceptarlo, algunos fueron encerrados y otros... usados, porque cuando puedes dar vida, puedes ser explotado, por eso lo ocultamos, por eso tú... eras una amenaza, desde el momento en que volviste con ese niño.

Jimin dio un paso hacia ella.

—Mi hijo no es una amenaza.

—No para ti. —dijo ella, con voz baja. —Pero si alguien más lo descubre... si el mundo sabe que el linaje Park aún puede engendrar de esta forma... irán tras él, sería un escándalo.

Y Jimin lo entendió: Su familia solo temía el escándalo, guardó silencio unos segundos, mirando el libro, en la última página, una frase estaba escrita en tinta dorada:

"Donde el hombre da vida, la muerte tiembla."

Jimin cerró el libro.

—Entonces haré lo mismo que ellos no pudieron, lo protegeré, no importa quién venga, no importa si tengo que enfrentar a esta familia, al templo o al mismo infierno.

—Ya es tarde. —dijo la madre, mirando la ventana. —Alguien ya lo sabe.

Y en ese mismo instante, una presencia oscura cruzó el jardín, los velos entre los mundos, una vez más... empezaban a rasgarse.


Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora