Pasaron las horas y Jimin no hablaba, simplemente acariciaba el borde del papel con los resultados, una y otra vez, como si al desgastarlo pudiera deshacer lo que decía. Pero no era una ilusión, no era una broma, no era una equivocación del laboratorio.
Un hijo, una vida creciendo dentro de él y Yoongi... estaba muerto.
—¿Lo odias? —preguntó Jimin al fin, sin levantar la vista.
Yoongi tardó un segundo en reaccionar, un segundo eterno en el que su alma pareció tambalear.
—¿A quién?
—A... esto. —dijo, llevándose una mano al vientre, tembloroso. —A lo que significa, a lo que nos recuerda...
Yoongi se arrodilló frente a él, y su forma etérea, pero sólida para Jimin se estremecía con una fuerza extraña, como si su esencia sintiera cada palabra pronunciada. Apoyó la frente sobre el vientre plano, aun sin señales visibles, y cerró los ojos.
—No, no podría odiarlo, nunca.
—Pero es imposible. —Jimin lo dijo con los labios apretados, como si cada letra doliera. —No puede existir.
—¿Y tú? —susurró Yoongi, alzando la vista. —¿Tú lo odias?
Jimin no respondió, las lágrimas rodaban por sus mejillas, mudas, puras, cristalinas como el miedo. La noche cayó como una cortina pesada, y el apartamento prestado se sentía más ajeno que nunca, los relojes hacían tic-tac, pero sus agujas no parecían avanzar. Afuera, el viento golpeaba los ventanales con dedos fríos.
La ciudad dormía, ellos no, Yoongi caminaba en círculos, inquieto, como si algo lo empujara desde el otro lado, como si su esencia sintiera una presencia que no pertenecía allí.
—Desde que volví. —dijo de pronto. —hay cosas que no entiendo.
Jimin se volvió hacia él, cubierto por una manta en el sofá.
—¿Qué cosas?
—Escucho voces a veces, justo antes del amanecer, como susurros bajo el agua y a veces... siento que alguien me observa. Pero no desde este mundo, Jimin palideció.
—¿Crees que tiene que ver con el bebé?
Yoongi se detuvo, su silueta parpadeó un instante, apenas un segundo, como si el velo entre los mundos se hubiera rasgado.
—No lo sé, pero esto... tú, yo, ese bebé... no debería ser posible.
—¿Y si lo es? —preguntó Jimin con voz temblorosa. —¿Y si este hijo... es un puente como lo soy yo?
Yoongi lo miró, por primera vez en días, con miedo real en los ojos.
—¿Un puente?
—Entre tu mundo y el mío. —Jimin tragó saliva. —Entre la vida y la muerte.
Aquella noche, mientras Jimin dormía profundamente por primera vez en días, Yoongi salió al balcón. La bruma de la madrugada era espesa, el mundo parecía detenido y entonces la vio.
Una figura al otro lado de la calle, entre las sombras, alta, cubierta con una túnica oscura, el rostro invisible.
No se movía, solo estaba ahí, viéndolo, Yoongi no necesitaba preguntarse quién era, lo sentía. Esa presencia era la misma que lo había empujado al otro lado cuando murió, era antigua, era cruel y había seguido su rastro.
—No lo permitiré. —murmuró Yoongi, apretando los puños.
Pero la figura sonrió sin boca, sin rostro y al instante, una voz se deslizó por el aire como veneno:
«Los muertos no engendran milagros, los muertos sólo engendran maldiciones.»
Yoongi se aferró al barandal, sintiendo cómo su forma comenzaba a temblar, a desvanecerse por segundos, tenía que protegerlos a Jimin a ese hijo imposible, ala única cosa que le había sido devuelta por el amor, porque no era solo un bebé. Era una advertencia, un desafío al equilibrio, un fragmento de algo prohibido y ahora, otros lo sabían.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
FanfictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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